By
Nuria Candela López
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Nos hemos enamorado del artista multidisciplinar William Farr cuyas instalaciones y esculturas son construidas con objetos que se va encontrando en su día a día, así como de materiales naturales o piezas que tienen un hilo común que los une: el caos controlado. Sin embargo, lo que él crea va mucho más allá del objeto artístico, ya que lo que hace es permitir los encuentros fortuitos entre plantas, flores y cosas. En sus instalaciones, cada elemento se abstrae de su forma y propósito originales: hay botellas vacías, bombillas de neón, enchufes, tubos de plástico, alambre, rocas, hojas, ramas y flores, envueltos uno alrededor del otro, suspendidos y que ocasionalmente combustionan y podemos ver ardiendo.

La decadencia puede ser bella y Farr nos lo demuestra; todo su trabajo es una alegre celebración del ocaso y un canto al declive

Después de haber estudiado diseño de moda, Farr no ha parado de trabajar, tanto en su proyectos personales como encargos, publicaciones, obras de arte y un proyecto de fotografía colaborativa que se centra en las flores que podemos seguir a través de Instagram, y que se llama Gathers Together. En él comprobamos de dónde viene su gusto por las flores y la botánica le viene de familia, ya que su abuela era una experta florista y su hermano es jardinero paisajista. Este proyecto abierto, invita a la gente a participar con sus propios totems florales, simplemente sosteniéndolas entre sus manos y observando su belleza, capturando el momento.

La decadencia puede ser bella y Farr nos lo demuestra. Todo su trabajo es una alegre celebración del ocaso y un canto al declive. Nos pasamos la vida apartando las cosas que se desechan, ignorándolas y sacándolas de nuestra vista. Toda esa basura cotidiana, debe recontextualizarse y colocarse en otro entorno, por eso en sus trabajos artísticos combina desde flores marchitas a cerillas ardiendo pasando por un carrito de supermercado.

Su trabajo nace con una mortalidad fija

Además el hecho de que las esculturas posean una naturaleza fugaz hace que su arte tenga un ciclo de vida propio, haciendo que su trabajo nazca con una mortalidad fija. Las flores van mutando hasta marchitarse siguiendo su sino común, tal y como sucede con las personas que envejecen organicamente. Se trata precisamente de eso, de valorar el momento preciso de un ciclo que nos afecta a todos.

Nunca sabe qué flores van a crecer, ni qué basura encontrará y usará, pero se alimenta de ese desorden o imprevisibilidad que realmente hay y tanto le gusta en su obra.  Como él mismo ha explicado “Siento que todos estamos tratando de despejar ese lío de nuestras vidas, o manejarlo, cuando es más fácil simplemente absorber el desastre y remodelarlo “.

Sigue todo su trabajo en sus web.