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Cecilia Díaz Betz

La vivencia de convertirse en padre por primera vez animó al fotógrafo y artista francés Vicent Ferrané (1974) a comenzar la serie fotográfica Milky Way. Un espléndido álbum familiar en el que retrata a su mujer e hijo recién nacido, durante el período de lactancia. Imágenes de la intimidad y la cotidianidad sin tapujos ni artificios, al natural, que despiertan una empatía emocional bestial, precisamente por la ausencia de esa hiperrealidad tan de nuestros tecnológicos días. La serie además alcanza su cenit enmarcada en un precioso fotolibro editado por Libraryman, que termina por concederle esa cualidad de diario o cuaderno de bitácora, y hacer tangible ese intenso periplo de seis meses.

Ferrané se aleja del artificio y toma el camino de la espontaneidad, para hacernos partícipes de la incomodidad, el agotamiento y, en definitiva, la sublime tragicomedia de esta realidad vital

Ferrané se aleja del artificio y toma el camino de la espontaneidad, para hacernos partícipes del inconformismo, la incomodidad, el agotamiento y, en definitiva, la sublime tragicomedia de esta realidad vital de alimentar a tu hijo, y la dependencia materna en este sentido. A golpe de contundente flash, resquebraja, una vez más, los estigmas y absurdos tópicos que pululan alrededor de la lactancia, y retrata a su mujer e hijo, con un ojo vivaz y entrañable, no exento de cierto humor costumbrista. Una intensa luz que no da lugar a equívocos y pone foco en lo que sucede en ese preciso instante. Son ellos tres en el espacio de la vida cotidiana, y con la siempre presencia de Ferrané, retratando a sus queridos en un acto o intento de ser parte activa y solidaria de este proceso.

Aunque con una contemporaneidad y modernidad aplastantes, es curioso como en las capturas de Vicent Ferrané encontramos ciertas reminiscencias estéticas a las esculturas de la Antigua Grecia; esas poses que adoptan los cuerpos, esa desnudez, la textura conjunta de las pieles del bebé y la madre, nuestro imaginario lo conecta con los iconos clásicos. Por otro lado, la presencia y el paso del tiempo queda retratado con una sutileza y honestidad brutal, nos pasean del invierno a la primavera a través, no de la indumentaria como cabría esperar (en la lactancia la desnudez y la locura estilística son el pan de cada día), si no del paisaje que se ve a través de la ventana y que Ferrané intercala en el álbum convirtiendo al Tiempo en co-protagonista. Eso sumado al título de Milky Way (Vía Láctea) nos conecta con el mito griego de que la leche se convierte en el vector de un mundo en construcción.