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Cecilia Díaz Betz

Las temidas y oscuras Ramblas -otrora todo un símbolo de la Ciudad Condal- parecen querer empezar a ver la luz y salir de ese túnel absurdo y deplorable al que se han visto sometidas por la tiranía turística. Muchos creen que ha llegado el momento de reconquistar este territorio colonizado por guiris sin escrúpulos, mimos, una oferta gastronómica digna de centro comercial con menú cerrado de sangría a precio de lingote de oro, y por toda esa parafernalia souveniresca. Una de las primeras lanzas que se ha erigido como reivindicadora de la recuperación de Las Ramblas -por lo menos a nivel gastronómico- es el recién inaugurado restaurante Ultramarinos Santa Mónica y no podemos más que aplaudir esta hazaña heroica.

Una de las primeras lanzas que se ha erigido como reivindicadora de la recuperación de Las Ramblas

Este increíble multiespacio gigantesco, diáfano, descomunal -algo que desde fuera no te esperas ni por asosmo- apuesta por devolver el caché perdido a esta privilegiada ubicación barcelonesa. A través de una carta muy mediterránea, variada pero honesta, donde todo se guisa al momento con productos de primera calidad, una atención cercana y efectiva, mucho gusto y una amplia oferta de coctelería de autor, este nuevo hotspot puede conseguir que los lugareños encuentren una razón de peso para volver a pisar esta zona y así dar comienzo a la regeneración. ¡Aleluya!

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En Ultramarinos Santa Mónica uno encontrará gente de todo tipo gracias a la versatilidad de su propuesta. Su horario ininterrumpido -desde las 09:00 de la mañana hasta las 03:00 de la noche- y las diferentes estancias con las que cuenta este local de 1.400 m2 -reformado con un toque macarra y desenfadado, a la par que sabrosón, eso sí, por el omnipresente estudio de Lázaro Rosa Violán-, también ayudan a la hora de conseguir ofertar tanta variedad. Pero ojo, no entendamos esta multidisciplinaridad como algo negativo, sino como un restaurante que va metamorfoseándose a medida que avanza el día y siempre está ahí disponible para el rescate.

En Ultramarinos Santa Mónica uno se despierta gracias a los suculentos desayunos y se acuesta con los mejores cócteles de la zona, sesiones de dj’s y conciertos

De esta manera, en Ultramarinos Santa Mónica uno se despierta gracias a los  suculentos desayunos y se acuesta con los mejores cócteles de la zona, sesiones de Dj’s y conciertos. Entre medias, puedes probar una suculenta carta en la que destacan los mejores productos de la Península Ibérica distribuidos en tapas, raciones, arroces, así como una amplia variedad de carnes D.O.y pescados de las lonjas catalanas. Para empezar a abrir boca nada mejor que degustar las anchoas 00 de Santoña que ellos mismos limpian y preparan, una apuesta ganadora; de ahí uno puede pasar tranquilamente a probar los buñuelos de bacalao con alioli de miel o dejarse embaucar con el queso frito de cabra de cenizas sobre couilis de tomate raf y membrillo, para entrar en materia seria con el calamar nacional con salsa de kimchi, el cordero lechal de Castilla a la brasa, los buñuelos de viento flambeados con anís o el tataki de atún rojo de la Boqueria. Para maridar tal manjar, cuentan además con una selección muy bien dosificada de tintos, blancos, rosados y cavas ordenados por proximidad territorial e incluyendo vinos naturales, biodinámicos y ecológicos. Aunque nunca está de más plantearse acompañar la cena con su gran oferta de cócteles clásicos como mojitos, caipiriñas y daiquiris, hasta combinados de creación propia como el British Perfection, The Italian Stallion o el Sherezade. Don’t forget el postre my friend! Como continúes tu camino lejos del Ultramarinos Santa Mónica sin probar el cremoso de maracuyá, chocolate blanco y lima, te arrepentirás lo más grande.

 

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