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Cecilia Díaz Betz

He de confesar que me ha resultado bastante complicado arrancar este texto. Hoy en día, de repente uno ve escrito el verbo fumar en una noticia que nada tiene que ver con sanidad y las fatalidades de esta mala costumbre, y ya como que se frunce el ceño y no acabas de verlo con buenos ojos. Pero es que en el caso que nos concierne hoy, solo me sale hablar maravillas, y eso que soy ex-fumadora de esas de libro. La cuestión va de una increíble colección de accesorios relacionados con el acto de fumar, que brillan con luz propia por su cuidada estética, materiales, aires retro e imagen de presentación.

Esta serie de objetos goza de un simbolismo que de alguna forma recupera esa elegancia suprema que suponía fumar en los ’50

Como ex-fumadora eterna me pregunto: ¿Por qué Treta, artífice de estas bellezas, no sacó antes esta colección y lo hace precisamente ahora que he dejado de fumar? Dilemas postmodernos aparte, lo cierto es que adjetivos como precioso, elegante o distinguido, se quedan cortos para definir estas piezas. Esta serie de objetos goza de un simbolismo que de alguna forma recupera esa elegancia suprema que suponía fumar un pitillo en los ’50, o el hecho de que un apuesto Don Drapper galantemente ofreciese fuego. Tienen como una extraña áurea, algo más que los convierte en especiales. Así que la buena noticia es que, fumes o no fumes, esta colección de Treta merece mucho la pena. Siempre se le puede encontrar una función más saludable a estas piezas cuasi-místicas venidas casi de otra época. Léase: mecheros, ceniceros, pipas, cachimbas o cajitas realizados en materiales nobles, que, por ejemplo, superan con notan la función decorativa y casarían a la perfección en tu hogar. Aunque si el arte de fumar todavía forma parte de tu día a día, sea lo que sea que fumes, ya de hacerlo, hazlo con clase. Echa un ojo a la colección completa aquí.