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Cecilia Díaz Betz

¡Ay…! ¡El espejo! Ese preciado y precioso objeto de nuestra sociedad sin el que somos incapaces de vivir. Ese que supuso la antesala al selfie -y ahora forma parte activa de él- y que tantas alegrías y tantos disgustos nos regala dependiendo del día. Ese mismo, el de la materialización de la peor de las supersticiones por descuido -nadie quiere siete años de mala suerte- o el de la creación de los efectos ópticos mágicos más sorpresivos. Y, por descontado, el elemento que más aviva nuestro narcisismo elevándolo a cuotas insospechadas es nuestro indiscutible protagonista de hoy.

Una colección de espejos que nos ha conquistado por la sencillez y humildad de su planteamiento

La cuestión es: ¿Cómo hemos osado esperar tanto para presentar algún nuevo y atrayente modelo? Con ánimo de enmendar tal descuido, hemos indagado intensamente entre las últimas propuestas en materia de espejos -mágicos o no-, para finalmente trasladarnos hasta Dinamarca donde hemos encontrado Ruban. La colección de espejos nos ha conquistado por la sencillez y humildad de su planteamiento. Se trata de una creación de la diseñadora francesa Inga Sempé para la firma danesa HAY, que huye radicalmente de la pomposidad para conseguir un espejo redondeado y en cinco diferentes tamaños (desde el más pequeño de bolsillo, hasta uno grande ideal para tocador). El toque mágico viene dado por una banda de tela que rodea todo el canto del espejo, de diferente color según el modelo, y que actúa también como colgador. Un detalle marca de la casa Sempé, que rompe con ese excesivo minimalismo. La colección Ruban ya está disponible en la tienda online de HAY haciendo clic aquí.