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Cecilia Díaz Betz

Parece algo impensable, increíble, pero dentro de las ciudades podemos encontrar sitios donde poder escapar del mundanal ruido, disfrutar de la tanquilidad y donde el silencio adquiere categoría de nobleza. Generalmente están escondidos, hay que buscarlos, y ahí reside su encanto. Hablamos de parques, terrazas en lo alto de los edificios, o en el caso que nos ocupa, jardines interiores. En pleno Eixample de Barcelona, en concreto en la calle Mallorca con Paseo de Gracia, está el Hotel Alma. Una maravilla de sitio que, si vienes de fuera, te recomendamos para hospedarte. Cuenta con un jardín interior espléndido donde disfrutar de un buen brunch, o tomarse una copa tranquila. Lo mejor de todo, es que es abierto a todo el mundo y allí el tiempo pasa más despacio.

El edificio es una fusión muy orgánica entre el estilo clásico del Eixample que se conserva en la fachada principal y el diseño más moderno en su interior. Como decíamos, su punto fuerte reside en la recuperación de uno de los clásicos jardines privados del Eixample. Un sitio donde tomar un buen desayuno se convierte en toda una experiencia, ya que te permite escapar de la vorágine de la ciudad. El jardín cuenta con frondosos árboles, enredaderas y plantas variadas, que lo convierten en un pequeño pulmón dentro de la urbe. Un enclave verdaderamente recomendable y, además, para disfrutarlo no hace falta ser huesped del hotel. Si os apetece cambiar el chip por un momento, pasaros a descubrilo.

A nivel gastronómico, la oferta del Hotel Alma es marcadamente de autor. El chef es Sergi Humada, que viene de familia Michelin -su padre Juan Mari es estrella de la nueva cocina vasca-. Los platos revisan la tradición con un claro componente contemporáneo y productos de temporada, además de locales, lo que se aprecia en el sabor final. Desde un fresquísimo atún cocinado al punto hasta un sabroso bacalao al pil-pil que ya se ha convertido en un clásico de la casa. No te vayas sin probar alguno de sus postres, de auténtico escándalo. Ojo con las natillas de limón con gallera bretona, frambuesas y helado de rosas. La carta de platos, así como la de vinos, son escuetas pero 100% acertadas. Podrás comer por alrededor de 40-50 euros.