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Carlos Martín-Peñasco

“Yo pensaba que iba a durar un año”. 2004. Patty, una madrileña hija de publicista, licenciada en Periodismo y amante del cine, se quedó con el traspaso de un videoclub que perdía dinero en Plaza de Castilla. “Era cuando los Blockbusters estaban empezando a cerrar, ya habían comenzado las descargas por Internet, pero ese era mi sueño desde pequeñita”.

Diez años más tarde, esta chica de pelo corto, menuda y encantadora, sigue al frente de este local, uno de los últimos bastiones del negocio del alquiler de películas. Además del cine, Patty tiene otro amor: el café. El año pasado, decidió enfrentar nuevos retos e hizo una reforma para montar una cafetería que acompañara al videoclub. “Estamos en la Tercera Ola del Café. En Australia, EEUU o Reino Unido se valora mucho más la figura del barista y la calidad del café. En Madrid apenas hay 15 cafeterías 3G -de tercera generación-, y todo esto consiste en cuidar la materia prima, la maquinaria, estar formados y servir un café de elaboración más lenta, recién molido, con agua filtrada y leche fresca”. Patty adquiere el café de mano de los chicos de Right Side Coffee, un catalán y un vasco que compran producto de temporada para venderlo recién tostado. Importante: otro de los imprescindibles en Super8 es la tarta de zanahoria casera.

Café de tercera generación, cine especializado y Patty, el alma de Super 8, son los reclamos de este agradable rincón escondido en Plaza de Castilla

Como tantas otras mañanas, aparece Inma, una chica de treinta y tantos que trabaja cerca y ha venido a tomar café con su amigo Max. Ambos charlan un rato con Patty para ponerse al día. “Nos vamos al corner de cotilleo”, dice Max dirigiéndose a la mesa de madera junto al ventanal para que retomemos el interrogatorio. Patty prosigue contando que tiene una clientela fiel y muy diversa. Lo compruebo cuando saluda a Consuelo, una señora mayor que viene a devolver El contrato del dibujante. Consuelo pregunta si ha llegado algo nuevo, como La isla mínima. Sale en dos semanas, responde Patty, que le acompaña a las estanterías para encontrar una alternativa. Me llama la atención que, para recomendar una peli, ella pregunte al cliente un “¿cómo estás?” y actuar así en consecuencia.

“Hay algunos que vuelven al barrio después de muchos años y me cuentan que solían venir de pequeños a alquilar pelis, así que recuperamos clientes antiguos y también seguimos haciendo nuevos”. Super8 está especializado en cine de autor e independiente aunque también tiene éxitos del cine comercial como Transformers, ya que su catálogo asciende a los 7.500 títulos. “Yo cada vez que digo que tengo un videoclub tengo que dar más explicaciones que el Papa. Podría haber sido ingeniero de caminos o técnico de molinos de viento, pero es lo que hay. Ahora digo que tengo un café”, cuenta Patty encogiéndose de hombros sonriente.

Antes de despedirnos, remata la charla dulce pero contundente. “Es un acto casi heroico, pero cuando algo te encanta, luchas por ello a saco. Me resisto a pesar que ya no va a haber ningún videoclub en Madrid. Por lo menos, que el mío sea el último”. Así sea, Patty.

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