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Nuria Candela López

Hoy reivindicamos a Birgit Jürgenssen, la artista austríaca que tuvo un poderoso impacto en la vanguardia feminista de los años setenta. Su trabajo supuso toda una ruptura con el mundo del arte vienés del momento dominado por los hombres. Su escultura, dibujos, performance y fotografía que se basaban en la experiencia femenina dentro de un entorno doméstico y los clichés generales que rodean a la feminidad, todavía laten hoy en día.

Sus imágenes ridiculizan el ideal del ama de casa de los años cincuenta y la fetichización de la forma femenina

A lo largo de su carrera, Jürgenssen investigó continuamente sobre las cuestiones laborales que afectaban exclusivamente a las mujeres, por aquel entonces relegadas prácticamente en exclusiva a las labores domésticas. Por ejemplo, su retrato muy estilizado In Küchenschürze la muestra vestida con un delantal absurdo a modo de cocina -estufa, en la que podemos ver una barra de pan en reposo. Hay, en muchas de sus obras, una corriente subterránea surrealista que hace que los objetos familiares se relacionen de un modo extraño con el cuerpo. En sus proyectos de fotografía experimental posterior va todavía más allá y entra en una esfera celestial y mística. Por ejemplo, en su serie de 1988 ve cielos nocturnos estrellados y textos escritos a mano proyectados sobre su cuerpo desnudo. El efecto de la inusual fuente de luz evoca un sentido de crepúsculo mágico, como si estuviera habitando su propio universo paralelo. En la década de los 90, empezó a construir sus propios marcos y transparencias personalizados para crear fotografías de instalación aún más atractivas que investigan las fuerzas opuestas de la luz y la oscuridad; día y noche.

© Quiero salir de aquí.

La práctica multidisciplinaria de Jürgenssen ha servido como una poderosa fuerza para contrarrestar las suposiciones en torno a la categorización de género. Sus imágenes ridiculizan el ideal del ama de casa de los años cincuenta y la fetichización de la forma femenina- especialmente los estándares de belleza tradicionales- y nunca tuvo miedo de invocar al humor en sus esfuerzos por subvertir las normas culturales. Sus imágenes todavía parecen excepcionalmente relevantes y necesarias hoy en día, lo que se debe en parte a la estética realmente convincente de su práctica, ya sea una escultura hipermoderna con traje o imágenes nocturnas atractivas de la naturaleza.

Una cosificación de los roles femeninos, en la cual Jürgenssen ve un desarrollo perverso del sistema capitalista y su división tradicional de roles entre los hombres y las mujeres, que además convierte al cuerpo de la mujer en una suerte de territorio sujeto a la hegemonía masculina, en un territorio colonizado por el hombre a través de lo que considera una dictadura de lo masculino desarrollada y mantenida a lo largo de los siglos.

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