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Cecilia Díaz Betz

El 2016 parece querer llevarse sin piedad a los ídolos con los que varias generaciones nos hemos criado, hemos soñado y, sobre todo, hemos admirado fervientemente. Personajes irrepetibles que cambiaron la historia de la música, que marcaron un antes y un después y que, posiblemente, serán recordados por los siglos de los siglos, o eso intentaremos algunos poniendo sus vinilos a todo volumen. Sus muertes, algunas repentinas e inesperadas, han sido verdaderas punzadas en el corazón melómano.

Con Prince lloramos lágrimas púrpuras cargadas de esoterismo, simbología, estética brutal y melodías infinitas

Este vernos afectados sobremanera, como si se tratara de miembros de nuestra familia, quizás venga dado porque con ellos se va un pedazo de nuestras vidas (la evidente parte nostálgica del asunto), pero también porque está desapareciendo toda una generación de artistas única, especial, inigualable y, con ella, una forma de vivir y entender la música que es probable que nunca más se vuelva a dar. Y esto es lo que nos desconsuela más, el saber que finalmente los tiempos han cambiado y ya nada es como era. Si con la muerte de Bowie o Lemmy empezamos a ser conscientes de esto, el repentino abandono esta semana del genio de Minneapolis, Prince, empieza a corroborar que algo se acaba.

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Este icono del pop, artista controvertido e inclasificable, irreverente y mágico, del que tantos músicos han bebido y que tantas pasiones ha desatado, nos ha vuelto a dejar un poco más huérfanos. Con tan solo 57 años, el cantante, instrumentalista, compositor y arreglista, fallecía (de momento por causas desconocidas) en en su casa-estudio de Paisley Park. Dio comienzo a su carrera musical a finales de los ’70, y el éxito lo fraguó con dos discos que se antojan eternos: 1999 (1982) y Purple Rain (1984). Álbumes que daban la bienvenida al mundo a una estrella musical innovadora, que acabaría convirtiéndose en una leyenda del pop con su gran obra maestra el disco Sign O the Times (1987), el gran doble disco de los ’80 que fue equiparado con The Beatles o Bob Dylan.

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Si con David Bowie las estrellas brillaron diferente el día de su muerte, con Prince lloramos lágrimas púrpuras cargadas de esoterismo, simbología, estética brutal y melodías infinitas. Desde Good2b le decimos adiós con los gifs de sus mil y una caras, y recordando algunas de sus break the rules más increíbles.

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