By
Cecilia Díaz Betz

Un año más, un Primavera Sound más que nos echamos a nuestras espaldas. Ya son unos cuantos. Lo vivido, lo escuchado, lo disfrutado, lo caminado, lo gritado, lo emocionado, lo bebido y lo comido, lo visto y no visto, lo bailado y lo comentado, lo encontrado y lo perdido, se queda ya forever and ever en nosotros, festivaleros profesionales, que nos tiraremos un año llorando su ausencia y clamando para que desvelen el cartel del 2018. Así, de golpe y porrazo, jugando con nuestra delicada salud coronaria…

 ¿El Primavera Sound cada vez es más jodidamente grande en todos los sentidos o nosotros -que lo hemos visto crecer, madurar y hacerse fuerte- nos hemos hecho viejos?

Y es que la vuelta a la realidad, tras el sueño de tres días y tres noches de melomanía desmesurada y dedicación absoluta a la fiesta con temperaturas de verano, es durísima, peor que la depresión post-vacacional. No obstante, corregidme si me equivoco, ¿este año parece serlo más que de costumbre? Una posible respuesta a esta paradoja, se siente casi como una verdad como un templo ampliamente comentada y contrastada a lo largo y ancho del festival: ¿o el Primavera Sound cada vez es más jodidamente grande en todos los sentidos o nosotros -que lo hemos visto crecer, madurar y hacerse fuerte- nos hemos hecho viejos? Ambas respuestas son válidas. Si algo se ha hecho palpable este año, es el cambio generacional. Los teenagers han cogido el relevo llenando todo de luz, color, espinillas y energía. Sin embargo, a nivel sonoro esto también se ha notado: el hip hop, el trap, el rap y R’n’B han sonado más que nunca. Subwoofer everywhere agitándonos a base bien. Sea como fuere, viejos y cansados, el Primavera Sound 2017 ha supuesto un chute de vitalidad muy necesaria, que hace que la resaca -cada vez más larga- nos haya importado más bien poco. Aquí van nuestros highlights…

  • La edición del cambio generacional. Purpurina, unicornios, sirenas, hormonas y hip-hop. Lo hemos flipado en colores con los looks de los puberes que han entrado fuerte y con ganas al festival.

  • El cover de ‘Vitamin C’ de CAN con el que Weyes Blood cerró su concierto. La amamos. La queremos. ¡Traedla siempre!
  • El cover del Supernature de Cerrone de la mano de Moscoman Live Band. Long live disco!
  • Slayer, poniendo un poco de cordura trash metal entre tanta pubertad y, de paso, reventando cerebros a golpe de cuádruple bombo en el escenario… ¡Mango! Contradicciones de la vida moderna.
  • Las proyecciones de Aphex Twin (y su mega solape con una realidad psicodélica paralela, la de Black Angels y King Gizzard and the Lizard Wizard), que nos recordaron la mierda de país de pandereta y corruptos en el que vivimos. Eso sí: meter en el mismo saco a Rajoy y a Chiquito de la Calzada… ¡No se lo perdonaré nunca!

  • Nikki Lane, las cowgirls y el oeste norteamericano. ¡Qué estilismos la tía! ¡Qué porte! ¡Qué country más gustoso! ¡Qué voz más pelopuntista! ¿Qué bolazo el del Auditori! (Aunque lo mejor es nos pidió ella hacerse una foto con nosotras: true story).

  • La meditación sonora (o exorcismo) según Swans -a falta de Thor en esta gira- en el escenario Pitchfork. Creo que los que nos quedamos el concierto entero hasta el final (dos horas) volvimos a nacer. Una maravilla descomunal, desmesurada, oscura y contradictoriamente vitalista.
  • Grace Jones: la más grande, la más diva, la más bestia. Con 69 años Miss Jones llegó al Primavera Sound 2017 a decirnos alto y claro que es inmortal, o por lo menos de otro planeta, que tiene más tablas que todo el cartel del festival junto, que la vida es un carnaval y que el vino tinto y la coca (no sabemos si cola) son fundamentales.

  • El día que Mac DeMarco acabó quemándose los pelos del sobaco. Los que asististeis a ese concierto-locura, ya sabéis de lo que hablamos.
  • El momento Unexpected que este año se ha sacado de la manga el festival, la verdad es que nos ha encantado. Uno de esos fue el increíble bolo en un escenario de 360º de Arcade Fire al atardecer. Brutal. Mágico. Pero ella -la mayor fan de las fans entre las fans de Arcade Fire y la persona con el mejor camello del mundo que podéis ver a continuación- se marcó los bailes más chamánicos-circenses-locos de la historia del Primavera Sound dejándose la piel viendo al grupo. No pudimos quitarle el ojo de encima.

  • Los 15 “Hello Barcelona!” de HAIM, eso sí, de sorpresa. Otro Unexpected de traca para cerrar el festival. Tres de la mañana del sábado aparecen las hermanísimas en el Ray-Ban a darlo todo con sus hitazos de aires noventeros.
  • El folk desgarrador y sensual de Angel Olsen. Un concierto de esos de lágrimas imparables y sonrisas. Olsen se confirma, se reafirma, se encumbra en cada nuevo concierto que da. El del Ray-Ban a ultima hora de la tarde nos emocionó en demasía. Garra dulce y sobrada personalidad.

  • El rap reivindicativo y festivo de Riz Ahmed y su grupo Swet Shop Boys. ¡Sí! El prota de The night Of estuvo en el Primavera Sound 2017 y tú seguro que sin enterarte…

  • El doble concierto preciosista de Magnetic Fields y su onírica escenografía. Eran uno de los grandes grupos de esta edición, y no defraudaron. Todo lo contrario.
  • El sonido del Bower&Wilkins one more time: mejorado y ampliado, lo de John Talabot disco set no tuvo nombre.
  • El buen rollo de Metronomy y Anna Prior, su batería, ¡para volver hetero a un gay!
  • Y todo este tinglado descomunal fue… ¡Created in Barcelona! ¿Cómo te quedas? ¡Here we go Primavera Sound 2018!

Photos © Cecilia Díaz Betz