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Ariana Díaz Celma

La gastronomía está en racha. Por suerte para muchos, hace ya un tiempo que el moderneo absurdo ha abandonado los fogones para reinstaurar productos que en los últimos años habían ganado -de forma injusta- mala fama. Tal es el caso del cerdo, un manjar de los dioses -siempre que sea ibérico-, que parece ha vuelto para que descubramos detenidamente cada una de sus partes, a cuál más jugosa y sabrosa. Ante este revival, hace ya un tiempo que nació Pork, un restaurante que cree en las bondades en mamífero más gorrino y le dedica la carta.

Pork es un restaurante que cree en las bondades en mamífero más gorrino y le dedica la carta

Su carta es concisa pero con suficientes referencias como para pegarte un banquete cárnico cuyo recuerdo te acompañará a la tumba. Hay cerdos de toda la Península -cada sección del menú especifica su procedencia- y en todas sus versiones. Chorizos, longanizas, cocidos, sobrasadas, lomos y jamones. El surtido de la carta es tan prohibitivo como sabroso. Si la conciencia se remueve mientras crees haber caído presa de la gula, uno de los pecados capitales más habituales entre los Good2b’ers, puedes acompañar tu pedido con una ensalada de tomate con albahaca o un poco de escalivada. Si te sientes capaz de engullir lo que tienes ante tus ojos y más, el comensal deberá pedir las croquetas de ibérico, las monedas de cerdo o los huevos del hornero. Y todo acompañado por lo que tú decidas, ya sean los pickles, la mostaza en grano natural, el alioli de manzana, la pera al horno, patatas al gratén o la judía del ‘ganxet’ saliendo de la olla.

En el menú adivinamos también una sección a la brasa y otra al horno, en la que las mejores piezas del cerdo se cocinan tal y como se indica. Tras tal festín, es más que racional que entre los postres encontremos platos como las fresas con azúcar y vino o piña con helado de vainilla. Los más valientes, pero, podrán darle a clásicos como el brazo de gitano o la tarta de manzana con helado de nata. Lo más curioso de la carta de bebidas es su amplia selección de cava, que sorprendentemente le va que ni pintado al cerdo. La cerveza artesanal es otro de sus fuertes. La cuestión es encontrar el tándem ideal para degustar cerdo en todas sus vertientes en un local situado cerca del puerto, de aire casero y distendido con un presidente de escándalo: un gorrino volador XL situado en las alturas del local y diseñado por Mikel Urmeneta.

El precio medio de Pork son unos 20-25 euros, que subirán si uno se decanta por una bodega exquisita. Ah, por si no lo habías adivinado, el lugar pertenece a la casa Sagardí.