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Cecilia Díaz Betz

Imágenes vibrantes, que buscan y consiguen la perfección visual, la belleza de lo impoluto, que beben directamente del imaginario de la publicidad, pero que nos transmiten, de una extraña e inocente forma, escenas perturbadoras, grotescas, y cargadas de surrealismo. Así es el excelente trabajo de Petrina Hicks, fotógrafa y realizadora australiana que, proyecto tras proyecto, nos entrega altas dosis de amor-odio en formato visual. Un juego de polos opuestos entre la misteriosa atracción del hiperrealismo y el encandilamiento de la belleza, en constante tensión con el inquietante y oscuro discurso semi-explícito de la imagen.

Siempre estuvo fascinada con la dualiad y en sus proyectos artísticos busca generar atracción y repulsión a partes iguales

Petrina Hicks siempre estuvo fascinada con la dualiad y en sus proyectos artísticos busca generar atracción y repulsión a partes iguales. En sus propias palabras explica que busca «maneras de explorar dentro de la propia imagen, jugando con la superficie, que tiene una apariencia concreta –generalmente un look comercial muy pulido, llamativo y perfecto-, pero a su vez, a través de la manipulación de los diversos elementos que aparecen en la imagen, subyace un mensaje claro salpicado de sugerencias oscuras o inquietantes».

Arriba os dejamos con una pequeña muestra de su trabajo fotográfico, y os recomendamos bucear por su web, descubriendo uno por uno sus interesantes proyectos avalados con varios importantes premios artísticos, y con un gran número de exposiciones. A continuación, podéis ver dos videos realizados por ella que nos han literalmente fascinado: The Chrysalis y Gloss, ambos del 2011.