By
Cecilia Díaz Betz

En esa frontera invisible y tranquila que separa los barrios de Sant Gervasi y Gràcia, se muestra tímido el restaurante Obrac. Un pequeño reducto culinario donde las gastronomías peruana, mexicana, oriental y, por supuesto, mediterránea se fusionan sin barroquismos ni grandes pretensiones, para satisfacer paladares diversos. Un ambiente que llama a la calma por la vista, pero agita el apetito con su agradable olor a brasa.

Un ambiente que llama a la calma por la vista pero agita el apetito con su agradable olor a brasa

Esta fusión culinaria que a priori nos podría echar para atrás, en el Obrac resulta una combinación ganadora ¿El secreto? Hay varios. Desde apostar por la sencillez y la eficacia que se consigue con productos de primera calidad bien elaborados; hasta el plus de contar con un horno Josper en el que ofrecen: Black Angus, Joselito o Rubia gallega (carnes de primera división, en definitiva); y además, pasando por una carta que cada 60 días muta a merced de lo que dicte la temporada. Un trinomio infalible.

Así que sin más miramientos, merece la pena bajar las escaleras de este acogedor y cálido restaurante, para sentarse a degustar un buen festín de sabores internacionales, el cual puede perfectamente comenzar con las Croquetas de carne rustida foie y trufa. Continuar con los Guisantes del Maresme a la menta con bacalao o el muy recomendable Ceviche de corvina al estilo nikkei. Las palabras mayores las dicta la brasa; en su versión marítima no dejéis de probar el Pulpo a la brasa, aunque si sois carnívoros declarados, abalanzaos sobre la Picaña Black angus, la pluma o las Costillas Joselito. Están de muerte.

¿Todavía tenéis sitio para el postre? ¡Bien hecho! La guinda en el Obrac se llama Bizcocho a las tres leches con helado de frambuesa. Final redondo.

Más info sobre el restaurante haciendo click aquí.

Detalles