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Cecilia Díaz Betz

Hoy en día ya resulta más que habitual que el diseño industrial y de mobiliario traspase fronteras, acercándose merecidamente al estatus de artístico, y dejándose ver en galerías. Los objetos ya nos son sólo de deseo y/o utilitarios, sino que acaban convirtiéndose o siendo considerados como verdaderas obras de arte. El clásico debate de arte vs industria y viceversa. Un ejemplo de esto es el exquisito y subversivo trabajo de Kueng Caputo. De su nueva colección Never too much, destacamos, sobre todo, las butacas y los taburetes. Apilables, manejables, coloristas, enigmáticos y psicdoélicos. Pero lo más importante, esconden un proceso de creación y realización detrás digno de estudio. Cada uno de estos objetos es una pequeña gran obra de arte, un acto de paciencia, y además todos son únicos.

Sarah Küng y Caputo Lovis aka Kueng Caputo han trabajado juntos desde que eran estudiantes de diseño en el HGKZ de Zurich, y sus proyectos han sido expuestos por medio mundo desde 2009. Acaban de inaugurar, en la galería neoyorquina Salon 94, la exposición de la antes mencionada colección Never too much. Aparentemente, nos topamos con un compedio de asientos, butacas, bancos, nada fuera de lo normal, aunque altamente atrayentes. Pero como marca de la casa, en su trabajo nada es lo que parece. Su proceso de gestación está compuesto de muchos pequeños pasos irreversibles, que implican tiempo y paciencia.

Los taburetes y bancos están hechos con cueros italianos muy suaves, que endurecen poniéndolos sobre estructuras metálicas. Después tratan la piel, la secan de forma natural, la barnizan, la contraponen. Finalmente texturizan con rugosidad aplicando chorros de pinturas metálicas, y ahí es donde hacen honor a su nombre: nunca es demasiado. Todos y cada uno de ellos se basan en la contraposición de materiales y formas, y en la búsqueda de la desorientación. Como resultado, una colección utilitaria, de alta calidad y materiales, psicotrópica y tremendamente escultórica.