By
Olivia García-Patto
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Cuatro veces más grande que su antecedente, el museo de Los Ángeles es una oda a la diversión más plena. Con columpios, una piscina de más de un metro de profundidad de asperja -sí, acabáis de descubrir la palabra fancy para chispas de chocolate– de colores, muestras de helados, plátanos colgando y más helados por todas partes, el Museum of Ice CreamInstagram parecen haber nacido el uno para el otro.

El recorrido por el museo es algo así como lo que sería la fusión de universos de Alicia en el País de las Maravillas y Willy Wonka y la Fábrica de Chocolate. En una primera sala llena de teléfonos rosas, nada más y nada menos que Seth Rogen -recordemos que el museo está en LA, lugar donde salen famosos de debajo de las piedras– llama a cada visitante para guiarles e introducirles al fantasioso mundo del Museum of Ice Cream. Como era de esperar, no todos los placeres en este museo son visuales, sino sensoriales en todo su apogeo, por lo que la segunda sala calma el ansia de helado con una degustación de diferentes heladerías locales que van rotando.

Entre aires californianos que parecen recién paridos de Tumblr, cada sala es un lugar de juego donde dar rienda suelta y dilatar las pupilas para pasarlo como enanos. Techos llenos de cientos de plátanos rosas colgando, palmeras -rosas también–, paredes que desprenden sorpresas al rascarlas, instalaciones de conos de helado negro en las paredes, esculturas de golosinas, mesas de ping pong, helados, helados y más helados, son todo fantasías que Bunn tuvo alguna vez y llevó a cabo sin mayor cuestión, para uso y disfrute de los pocos afortunados que conseguirán visitarlas. Y es que las entradas para la locación de LA también se han ido agotando rapidísimo, además de que son carísimas (29$), personales e intransferibles… Todo un lujo.

Las perspectivas de futuro de Bunn para el Museum of Ice Cream ubican a este pequeño paraíso de color y sabor en San FranciscoMiami, de vuelta en Nueva York para abrir un flagship permanente con restaurante y spa incluido –WHAT?!– y en un hotel en Las Vegas que la joven veinteañera pretende construir con los más de 6 millones de dólares que ha recaudado en beneficios… En colaboración también con las sponsors con los que trabaja para ofrecer experiencias en vez de publicidad tradicional. Con Tinder lo hizo en NY y con los chocolates Dove en LA.

Desde luego que Bunn es toda una visionaria de cuyas decisiones se debería tomar inspiración.

 

 

Fotos de Jennifer Chong.