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Cecilia Díaz Betz

¡Lo que te cambia la vida una buena cerveza fría! Y si no, que se lo pregunten a monsieur Louis Moritz, un erudito en materia cervecera y todo un bon vivant. Por cuestiones de la vida, llegó desde su Alsacia natal a Barcelona, y aquí se quedó para siempre. Esto podría ser un caso como otro cualquiera, sin embargo, Moritz no venía con las manos vacías, al llegar a la Condal se dio cuenta que faltaba algo primordial que acabase de redondear la maravilla de ciudad donde había ido a parar; no era otra cosa que la cerveza. Por aquel entonces la Condal carecía de este brebaje, así que Louis Moritz, ni corto ni perezoso, creó hace más de 160 años, la primerísma primera cerveza de Barcelona. Un antes y un después para una urbe que, desde entonces, se siente en deuda por introducir semejante maravilla de brebaje, pero sobre todo, por enseñaros toda una filosofía del buen vivir.

Está claro que la cerveza forma parte activa de las cosas buenas de nuestro día a día en Barcelona

Desde el aperitivo al afterwork, pasando por la clásica cerveza-premio por conseguir algún reto, los mil y un brindis con amigos, familia, parejas ¡e incluso desconocidos!, hasta esa cañita bien fría que te ayuda a sobrellevar el calor, tu fiel botellín en las largas noches de fiesta, o una de las más importantes: la de reconciliación. Está claro que la cerveza forma parte activa de las cosas buenas de nuestro día a día en Barcelona (y en el mundo) y no podemos más que agradecerle a Louis Moritz el habérnosla presentado, y haber forjado una de las relaciones más estables que se conocen.

Además, ya se sabe que lo bueno atrae lo bueno, y la aparición de la Moritz en 1856 (y su fulgurante éxito y mejor acogida) animó a otras cervezas a “instalarse” en la ciudad y posibilitó la creación de otras nuevas, haciendo gala de una apertura. Gran razón para celebrar ese preciso día en que Louise empezó a producir cerveza en la mítica Fàbrica Moritz (espacio en el que hoy en día se sigue produciendo cerveza y que se ha convertido en todo un hotspot de referencia para los barceloneses) situada el corazón de Barcelona; entre los barrios del Eixample y el Raval.

En pleno S. XIX, la quinta y sexta generación de la familia Moritz siguen produciendo esta cerveza con la misma pasión, modernidad y vanguardia que en su día ofreció Louise. Una gran cerveza siempre íntimamente ligada a la vida cultural de la ciudad, ya que es el motor que todo lo mueve y consigue que perdure en el tiempo, y que acompaña nuestra cotidianidad sin excepción. Una cerveza que es historia. Es por esto que, 162 años después, merece la pena brindar por ¡muchos años más de alegrías! Porque nuestra vida, es inimaginable sin cerveza.

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