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Nuria Candela López

Si sois de los que habéis escogido New York como destino vacacional no deberías dejar de visitar esta muestra que se clausura en unos días: Malick Sidibé: Love, Power, Peace en Jack Shainman Gallery. Uno de los fotógrafos africanos exponentes del modernismo, ocupa las paredes de esta galería con su serie Mariage, con imágenes que van desde 1963 a 1989, a modo de instalación circular.

Una sensación de esperanza y alegría para el futuro recorre estas imágenes; una característica de marca en toda la práctica de Malick

Malick Sidibé retrató como nadie la liberación del colonialismo de Malí, desde las fiestas de baile, hasta los aspectos más excéntricos de la moda de una cultura floreciente que empezaba a sentirse libre. Conocido como “Ojo de Bamako”, destacó sobre todo por sus fotografías de los años 60 y 70 de la juventud maliense, la escena artística y la vida nocturna, aunque no era ajeno a los retratos íntimos, como nos enseña esta exposición.

Muchas de las personas retratadas son parejas jóvenes el día de su boda. En estas imágenes, los jóvenes intercambian miradas de afecto puro y se muestran en actitudes relajadas, despojadas de lo premeditado, poco tienen que ver con las instantáneas que acostumbran a predominar en las bodas convencionales. Capturando a sus súbditos en medio de una acción ceremonial, Sidibé construye la narración de un tiempo y un espacio específicos que facultaron a una cultura para empezar a escribir sus propias historias.

Ser fotografiado por Malick era un rito de iniciación, muchos querían que capturara importantes momentos de su vida. Si bien sus imágenes individuales son sólidas por sí mismas, estas agrupaciones realmente nos permiten tener una idea de lo ligado que estaba a la comunidad . Aparte de su calidad documental, el trabajo de Sidibé es sobre todo una celebración: una oda a la alegría y a las posibilidades que surgen de la nueva independencia. Como tal, hay un sentimiento sorprendente en los retratos de Sidibé, quienes ocupan audazmente el marco de la fotografía y los espacios públicos y de ocio de su nación. Malick los inmortalizó en su mejor momento: gente que asociaban su boda con el día más importante de su vida. También obtiene una sensación de esperanza y alegría para el futuro recorre estas imágenes; una característica de marca en toda la práctica de Malick.

Abrazó el cambio pero no tuvo miedo de capturar el tradicionalismo. Sus imágenes rompieron los estigmas y apoyaron la universalidad: capturaron el espíritu de la liberación poscolonial, pero no rehuyeron las costumbres tradicionales. Lo más importante es que no trató de construir imágenes para un público occidental, sino que realmente capturó a Bamako, ya que estaba desarrollando rápidamente su propia identidad moderna.