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Quim Coll

Se acerca Halloween y, con él, miles de compras compulsivas de disfraces, maquillajes y distintos complementos para ayudarnos a convertirnos en seres terroríficos por una noche. Eso sí, lo más terrorífico de esos disfraces es lo que no se ve: el desastroso impacto que tienen para el medioambiente. Muchos de ellos de plástico, con prácticamente un solo uso, los disfraces de Halloween pueden ser muy divertidos pero también tenemos que pensar en las consecuencias de comprarnos uno nuevo cada año. F: Fotografía de Stan Honda

Cada año, unas 2.000 toneladas de residuos plásticos se generan al tirar disfraces de Halloween usados, el equivalente a unos 83 millones de botellas

Y es que admitámoslo, es muy fácil navegar por Amazon y comprar el primer disfraz barato que encontremos. Dará el pego, impresionaremos en nuestra fiesta de Halloween, y a partir de ahí ya no querremos saber nada más de él. No nos lo podremos poner el próximo año (¿a quién se le ocurriría repetir disfraz?) y, evidentemente, no lo usaremos en nuestro día a día. Si lo pensamos con frialdad y dejamos el materialismo de lado, vemos que comprar disfraces no sale a cuenta desde una perspectiva medioambiental y sostenible.

La organización caritativa ambientalista Hubbub ha estimado que, cada año, unas 2.000 toneladas de residuos plásticos se generan al tirar disfraces de Halloween usados, el equivalente a unos 83 millones de botellas. Trabajando mano a mano con Fairyland Trust, una organización caritativa de carácter familiar, han realizado una investigación sobre los principales disfraces vendidos por 19 comerciantes –entre los cuales se encuentran Amazon o ASOS– y han llegado a la conclusión de que un 83% del material usado para la creación de dichos disfraces es plástico no reciclable.

No nos engañemos, Halloween es una festividad muy divertida, cada vez más celebrada en nuestro país, tanto en familia como con amigos. Pero según el estudio realizado por las dos organizaciones, más de siete millones de disfraces se tiran cada año. Lo más aterrador del Halloween, pues, se ha convertido en el plástico, pero tiene fácil solución: comprar en tiendas de segunda mano, reutilizar disfraces o crearlos desde cero con materiales reciclados. Dejar volar nuestra imaginación para no destrozar aún más el único planeta que tenemos.