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Cecilia Díaz Betz

Los Jardinets de Gràcia (desde 1991, dedicados al poeta y dramaturgo Salvador Espriu) son una localización muy emblemática de la Ciudad Condal. Un pequeño aunque muy simbólico emplazamiento, que anuncia elegantemente el inicio del barrio de Gràcia y despide como se merece al majestuoso Passeig de Gràcia. Allí se da encuentro un destacado trío de ases en lo que al mundo hostelero se refiere: el Hotel Casa Fuster presidiendo, debidamente acompañado del Palauet y completando el grupo, el ya integradísimo restaurante L’Eggs de Paco Pérez. A pesar del tridente, la sensación que pululaba por este clásico emplazamiento de Barcelona era la de querer ceñirse de alguna manera al ‘alto standing’, algo que estaba convirtiendo a los Jardinets de Gràcia en un lugar demasiado exclusivo o excluyente, en el que los ciudadanos de a pie, al final, no encontrábamos refugio.

Este multiespacio gastrocultural de 800m2 de repente ha rejuvenecido y regenerado el ambiente de los Jardinets de Gràcia

No obstante, hablo en pasado porque las tornas han empezado a cambiar con la irrupción de Casa Gracia. Este multiespacio gastrocultural de 800m2, que cuenta con un luxury hostel con más de 140 habitaciones, de repente ha rejuvenecido y regenerado el ambiente casi por arte de magia. Vecinos del Barrio de Gràcia y del resto de la ciudad, junto a viajeros de alrededor del mundo que buscan «vivir, respirar, comer, dormir y experimentar como en casa mientras descubren y conocen el talento y la creatividad local», se están dejando ver por este nuevo integrante de los Jardinets de Gràcia. Un nuevo miembro que nada tiene que envidiar en prestigio o majestuosidad a sus compañeros pero que, además, aporta muchas cosas nuevas y positivas. Chapeau, habemus póquer de ases.L1000822

Dentro de un edificio modernista reformado nos encontramos con un espacio multidisciplinar de vanguardia, donde una activa programación de cultura local a través de happenings, workshops, conciertos, exposiciones y otros eventos; se complementa con una oferta gastronómica muy acertada a través de La Paisana. Un restaurante cuyo sino -desde el desayuno hasta los cócteles de madrugada- es que te sientas como en casa. Una codiciada cercanía que consiguen ofreciendo una cocina de raíces locales elaborada con productos de primera calidad, pero que se desmarca hábilmente de propuestas similares, al presentarse mezclada con sabores más internacionales. Un punto innovador que la eleva a otra categoría, pero que su excelente relación calidad-precio la trae de vuelta al mundo real generando una clientela fiel.

Platos que destilan tradición y sabores del barrio que los acoge, el buen hacer de las abuelas, pasados por el tamiz de la revisión gastronómica

La traducción sería: tapas y platos de cuchara que destilan la tradición y los sabores del barrio que los acoge, el buen hacer de nuestras abuelas, pasados por el tamiz de la revisión gastronómica contemporánea que, en este caso, busca el exotismo del mestizaje. De ahí que en la carta de La Paisana uno se pueda encontrar con propuestas tan seductoras para abrir boca como la Sardina ahumada con espinacas, sandía, crema de aguacate y albahaca, o el exquisito Pulpo a la plancha con patata ahumada y mojo rojo, junto a unos infalibles Buñuelos de bacalao con miel y limón. Para, acto seguido, dejarse embaucar con un Secreto ibérico con escabeche de verduras, pure de celeri y manzana, los Huevos estrellados con samfaina, o las dos estrellas de la carta: el Suquet de rape con patata anisada, gamba y tirabeques y las Carrillera de ternera a baja temperatura con rústico de patata. Puedes dar por hecho que el mayor problema será decidirte. De la carta, además, valorarás que especifiquen sus ingredientes, sobre todo si tus preferencias culinarias -por deber o decisión vital- son otras.

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Los postres y su oferta coctelera -que además cuenta con espacio propio en la planta subterránea: el BIS– merecerían un capítulo propio. Visualizar su Flan de mató con helado de piñones y miel junto a un gintónic premium, son razones más que suficientes que lo corroboran, y que te retendrán dulcemente hasta el cierre. En sus propias palabras: «La Paisana es una llamada al veggie, al carnívoro, al foodie, al winelover, al gintoniclover, al cocktailover y a todos los que pierden la cabeza por una comida o copa más que instagrameable«. Vamos, que no solo de lugares de postín vive Barcelona, muchos, como La Paisana, también son la leche en contenido. No tardes en ir.