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Izaro Bo

Hace pocos días, gracias a Martini, tuvimos la suerte de conocer un hotspot de lujo en la Ciudad Condal, La Foodieteca. Un enclave íntimo a pocos metros de la catedral, donde la gastronomía cobra una nueva dimensión con un enfoque más distendido y personalizado. Allí pudimos disfrutar en primera persona de un show cooking del reconocido chef Max Colombo (Xemei, Bar 68, Bar Brutal) que nos dejó literalmente patidifusas. Pero vayamos por partes, que aquí hay mucho que contar…

El espacio, un antiguo gimnasio, cuenta con distintos ambientes en los que cada detalle está cuidado al máximo para recrear esa calidez que uno sólo encuentra en los hogares

Para empezar es importante resaltar que entrar en La Foodieteca es ante todo sentirse como en casa. El espacio, un antiguo gimnasio ubicado en un piso principal con vistas a Vía Laietana y a la plaza Ramón Berenguer, cuenta con distintos ambientes en los que cada detalle está cuidado al máximo para recrear esa calidez y familiaridad que uno no encuentra en las casas sino únicamente en los hogares. Toda la actividad se articula en torno a una gran isla de cocina que constituye el eje central de los distintos workshops gastronómicos o show cookings. Al otro lado, una bodega y una gran mesa de roble que invitan a largas sobremesas. Para ponerse cómodo, un pequeño salón de espíritu vintage presidido por un sofá Chester y dos butacas de  cuadros escoceses. Amplios ventanales en forma de arco y suaves toques de iluminación acaban por conformar la decoración de un lugar en el que, sin pensarlo, podríamos quedarnos a vivir.

Enfocados en la experiencia gastronómica y con una filosofía basada en tres pilares principales: producto, producto y producto, La Foodieteca no deja lugar a dudas sobre cuáles son sus valores. Se respira amor por la cocina, por el gesto de compartir cada bocado y saborear cada momento, voluntad de transmitir y contar una historia a través de cada plato, de cada ingrediente. Un cuidado interiorismo, una firme apuesta por la dieta mediterránea y el producto de aquí y un servicio personalizado pero informal son las claves para entender la fórmula de este acogedor espacio.

Martini, marca colaboradora de la Foodieteca, nos invitó a un estupendo showcooking de Max Colombo en tan apetecible entorno

Como os avanzábamos, invitadas por Martini, marca colaboradora de la Foodieteca, pudimos disfrutar de un estupendo showcooking de Max Colombo en tan apetecible entorno. Para ir abriendo boca, el Brand Ambassador de Martini, Helios Gómez, hizo una breve degustación de algunos cócteles que se pueden preparar con vermut, como el Negroni o el Americano, además del Martini Royale, cóctel de bianco o rosato y cava que la marca comercializa ya embotellado y listo para servir. El cóctel de bienvenida se acompañó de unas brochetas de pollo al curry y unos delicados bocados de dátiles y panceta. Una vez sentados en la mesa detalladamente dispuesta alrededor de la cocina, el chef veneciano empezó a hacer gala de sus talentos culinarios, y fue mostrándonos sus varios ases en la manga, para ofrecer una cena a base de exquisiteces que no dejó indiferente a ninguno de los comensales, y que por supuesto a nosotras nos conquistó de lleno, léase:

*Ensalada de burrata y remolacha: una infalible combinación de textura cremosa y frescura, ideal para empezar.

*Callos con parmesano y panceta macerada: versión depurada de este plato tradicional que pensamos que nunca nos atreveríamos a probar y que morimos por repetir.

*Risotto con esparrágos trigueros: elaborado con un grano premium que le otorgaba una melosidad extraordinaria sin apenas añadir grasas. Ensalzamiento de la simplicidad.

*Spaguetti al nero di sepia: sabor, aroma, color, presentación, un auténtico festival para los sentidos. El plato fuerte de la noche.

*Queso de cabra francés con flores y cítricos: una alternativa al típico postre que disfrutamos maridada con un delicioso mojito de Martini, cava y frutos rojos, y que puso el broche final a una velada de lujo.

 

Photos © Cecilia Díaz Betz.