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Ariana Díaz Celma

No es la primera vez que en Good2b destacamos las bondades de La Cuina d’en Garriga, hotspot de cabecera que no cesa en la labor de sorprendernos. Su fórmula no puede ser más sencilla: hacernos sentir como en casa. A los pocos que aún no estén familiarizados con el lugar, les diremos que Helena Garriga, responsable de este particular restaurante, decidió hace unos años crear un espacio casero y muy personal en el que los comensales pudieran sentirse cómodos. Algo menos hace que Helena ha reinventado partes de la carta, dejando intactos los puntos fuertes de la misma, sello personal de La Cuina d’en Garriga.

Sus tablas, latas y carta de aceitunas se han convertido en un must de entre horas

Desde hace pocos meses es habitual ver a visitantes entre horas para probar su carta de vinos y sus tapas, entre las que encontraos aceitunas de todo tipo -desde la yeye a la de pico limón pasando por la de mojo picón-, platillos como el salmón ahumado escocés, así como la lata de navajas o la de berberechos. Los embutidos -especial mención a la mortadela con trufa negra- o los quesos -ojo con el brie trufado-, convierten La Cuina d’en Garriga como el destino ideal para aterrizar entre horas.

Eso, pero, no es todo. Los desayunos de tenedor, enraizados a la tradición pero con un toque cosmopolita propio de los tiempos que corren, convierten la carta en única a metros a la redonda. Especial mención a los huevos estrellados con panceta ibérica, aunque también puedes acompañarlos de sobrasada, chistorra, foie gras o butifarra negra. Los que teman por tal inyección calórica, siempre podrán escoger los que vienen acompañados de salmón ahumado, así como un finísimo bikini con brie trufado.

Los huevos estrellados con panceta ibérica se han convertido en la estrella de los desayunos de tenedor

En La Cuina d’En Garriga para gustos hay colores. Escojas lo que escojas, pero, lo primero que salta a la vista cuando echas un vistazo a los platos que sirven es, sin duda, la importancia que se da a la materia prima. La cocina es sencilla pero infalible y se rinde a la filosofía de kilómetro cero, imprescindible en la dieta de cualquier Good2b’er. De hecho, es posible hacerse con casi todos los productos que desfilan por sus mesas ‘in situ’, pues La Cuina funciona también a modo de mercado en el que hacerse con fruta y verdura, un amplio abanico de charcutería, quesos -el paraíso para los amantes de los lácteos-, huevos, todo tipo de alimento para la despensa, huevos y un buen surtido para regar los platos con una buena bodega.

Volvamos pero, a la carta y sus clásicos. Aunque esta temporada La Cuina d’en Garriga ha ampliado su oferta gastronómica, sigue despertando cada día temprano para servir desayunos, no sólo con bollería fresca, sino también bocadillos fríos y calientes, yogur con cereales y pasteles caseros. El resto del día dedica su cocina a platos de corte clásico y sin pretensiones, pero de sabor infalible. Así lo atestiguan algunos de sus platos estrella como el steak tartar, favorito de la casa Good2b. No sabemos si es el mejor de la ciudad, pero sin duda está en su top 10. Te comentamos que sube puntos si se pide con un punto picante, que le da especial personalidad. El menú lo redondean platos como sus macarrones -Martelli para más señas-, cocinados al dente y coronados por tocino ibérico, su ensalada de lentejas o el pescado del día. El couland de la casa, su tarta de limón o el clásico ‘recuit’ con miel se presentan como voluntarios para poner el goloso punto final a la comida.

A pesar del su reciente twist, la carta sigue conservando clásicos como el steak tartar o sus macarrones Martinelli

El éxito de La Cuina d’en Garriga reside en la mezcla del savoir faire clásico de un bistró con tics propios de la cocina barcelonesa, lo que ha terminado convirtiendo el lugar en un referente de la comida y los productos locales. La atmósfera familiar y un servicio atento, que se preocupa por los gustos del cliente, convierten la visita a La Cuina en una experiencia que muy pronto se querrá repetir. Los 30-40 euros que pagarás por comer o cenar -menos si uno se decide por las tapas, se convierten en la mejor inversión de cualquier foodie que lo valga.

Para establecerse como uno de los locales de referencia de Barcelona, Helena Garriga se inspiró en lo que siempre había visto en su propio hogar. Los primeros años de su vida los pasó en una fábrica de sifones, pues su tatarabuelo había descubierto ‘circa’ 1876 dicho brevaje en París, conocido por ser capaz de aliviar las digestiones más pesadas. Pronto Agustí Garriga decidiría fabricarlos por esta latitud y experimentar con el sifón de agua carbonatada hasta caer en la cuenta de que hacía un tándem fantástico con el vermut -del que somos fans confesos-. Son precisamente algunos de los sifones que Helena encontró por casa los que capitanean e inspiran la decoración de La Cuina.

*Fotos por Cecilia Díaz Betz

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