By
Carlos Martín-Peñasco

Después de más de tres años de andadura, La Cineteca del Matadero se confirma como uno de los espacios más insólitos y necesarios de la escena cultural madrileña, revalidando cada día el merecido título de “primera y única sala del país dedicada (casi) en exclusiva al cine de no ficción”.

Inexplicablemente, no es hasta este martes por la noche que entro por primera vez en dicha sección de Matadero, compuesta por cuatro edificios reconvertidos bajo la batuta de José María Churtinaga y Cayetana de la Quadra Salcedo. En 2009, estos dos arquitectos se enfrentaban al reto de transformar los módulos más austeros del antiguo complejo –funcionaban como instalaciones de producción de frío y calor, calderas y neveras de enormes dimensiones- en dos salas de cine, un plató y un patio.

A pesar de ser un crudo día de invierno, la Sala Azcona –la estancia principal- está a rebosar. Hoy se estrena el documental del mes, Mercedes Sosa: La voz de Latinoamérica. Esta sala, nombrada en homenaje al guionista Rafael Azcona, alberga todos los estrenos en La Cineteca con un aforo de 236 butacas. Las paredes están recubiertas de mangueras sobre una instalación de leds, lo que confiere al lugar el aspecto de una cesta de mimbre luminoso. “Yo soy fan de la cestería desde que era niño, es un mundo que siempre me ha fascinado y, de alguna manera latente, siempre había tenido el sueño de construir una cesta habitable”, cuenta Churtinaga al respecto en La aventura del saber. Las luces se apagan y, del negro de la pantalla, comienza a brotar la mística voz de Mercedes. Silencio sepulcral.

La Cineteca revalida cada mes el merecido título de primera y única sala del país dedicada (casi) en exclusiva al cine de no ficción.

La hermana pequeña del cine principal es la Sala Borau, donde se proyectan los tres últimos pases de los estrenos a precio reducido. Además, en esta sala de 70 localidades, se realizan cursos, talleres y conferencias y se reserva un espacio importante a proyectos audiovisuales relacionados con problemáticas sociales y solidarias. Uno de los principales objetivos de La Cineteca es acoger a ese público hambriento de obras documentales, alternativas e independientes que quedan marginadas por los distribuidores y exhibidores más comerciales. Además, los programadores, lejos de pecar de fundamentalistas de la no ficción, hacen generosas concesiones a experimentos híbridos de ficción y documental con el fin de ser una ventana a través de la cual podamos contemplar paisajes periféricos, rostros sin voz y pequeñas joyas con grandes historias en su interior. Como no podía ser de otra forma, el proyecto arquitectónico de Churtinaga y Quadra-Salcedo comparte con la iniciativa cultural el afán de transgredir lo establecido y abrir caminos a nuevas formas y fondos. Así lo confirma José María: “Al utilizar la manguera como elemento rechazamos la perfección, seguimos el concepto japonés del wabisabi que dice que la imperfección tiene un valor en sí mismo”.

Después de hora y media, la historia de la vida de Mercedes Sosa funde a negro y ocurre entonces algo que no suele pasar en el resto de los cines: suben los créditos y la gente estalla en aplausos. Y, de la misma forma cada día, La Cineteca nos abre ventanas a otras realidades en un mundo en constante transformación, como bien canta la argentina en Todo cambia. Así como un gigantesca nevera para carne puede convertirse en una cine con forma de cesta.

 

Detalles




  • Dirección: Plaza de Legazpi, 8, 28045 Madrid
  • Horario: L-D
  • Teléfono: 915 17 98 17
  • Tipo: Espacio multidisciplinar
  • Web: http://www.cinetecamadrid.com