By
Olivia García-Patto
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Las ilustraciones de la estadounidense Kelly Bjork denotan la capacidad gráfica de una genia infantil. Como si de un dibujo de colegio elevado a categoría artística se tratara, Bjork captura momentos de intimidad entre amigos y pertenencias.

Bjork considera importante plasmar estos momentos de bien para recordarnos que existen

Su intención principal es equilibrar la simpleza de los elementos con áreas de mucho detalle en sus ilustraciones para extraer lo complicado de la imagen. En un afán por celebrar lo sencillo y encontrar satisfacción en ello, Kelly Bjork se recrea pintando instantes del día a día que observa en la gente, lugares y animales que la rodean.

De hecho, para ella esto va más allá de la propia ilustración, ya que considera importante plasmar estos momentos de bien para recordarnos que existen y no olvidar que hay gente, acciones y emociones positivas que contrarrestan el contexto social, político y cultural que vive el s. XXI.

Aunque comenzó su carrera creando retratos por encargo tras graduarse en Dibujo y Grabado por la Universidad de Washington Oeste, Bjork pasó por el trabajo freelance antes de encontrar el de sus sueños de infancia: ilustradora de tarjetas en la compañía de papelería y regalos Pilgrim Paper Co.

A partir de un primer borrador a mano, Bjork distribuye la composición y paleta de colores de sus obras previo al paso de la obra al ‘papel bueno’ con Gouache. Ahí es donde sus lánguidas escenas cobran vida, bien sean cuerpos desnudos en una especie de baño termal o interiores de apartamentos de ensueño.