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Izaro Bo

Tras un primer largometraje True Love (2011) en el que Ion de Sosa se exponía brutalmente ante el espectador, llegando a resultar incómodo, compartiendo casi a modo de exorcismo su vida íntima y el dolor desgarrador e insoportable causado por la ruptura con su pareja, podemos decir que la segunda película del director vasco afincado en Berlín nos ha resultado cuando menos chocante. Aunque ahora, visto con perspectiva y entendiendo esa necesidad de distanciamiento y alegoría que implica el género sci-fi, su nuevo proyecto, Sueñan los androides (2014), no puede tener más sentido. La película, una adaptación sui generis del clásico de Philip K. Dick que inspiró la mítica Blade Runner (1982), se estrenó en el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla y arrasó a su paso por la Berlinale. Por fin, de mano del Festival de Cinema d’Autor D’A, tenemos la oportunidad de ver en las salas de Barcelona (también se proyecta estos días en Madrid) esta peculiar y decadente quimera futurista ambientada en el Benidorm de 2052, un lugar (en el más amplio sentido de la palabra) distópico que resulta insólitamente familiar.

Ya han pasado 5 meses desde que estrenaste la película en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. ¿Ha cambiado algo tu percepción de ella tras el contacto con el  público?

No ha cambiado mi percepción de la película porque no he vuelto a verla, lo que sí tengo es un discurso más completo por haber respondido a tantas preguntas en estos meses.

Al público no se le da la oportunidad de ver las películas españolas que se están proyectando en festivales internacionales

¿Qué te ha inspirado más a la hora de plantear la película, la novela cyberpunk de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968) o la adaptación de ésta, Blade Runner (Ridley Scott, 1982)?

La película tiene muy poco de cualquiera de las dos, lo que más destaca es el título que es una versión breve y afirmativa de la novela de Dick. Sueñan los androides. Precisamente habiéndonos apropiado del título, la propuesta es un juego de asociación, de sugerir y no de contar. Por temas de derechos de autor, no puedes hacer una adaptación demasiado fiel a la novela, pero puedes tratar de imitar esa atmósfera y ese futuro decadente del que habla Dick sin miedo a ser denunciado. Hay una secuencia en Blade Runner que también era un punto de partida, una secuencia en la que Rick Deckard le dice a la androide Rachel que todos esos recuerdos que ella atesora en su cerebro son probablemente recuerdos del ingeniero que la diseñó o de su sobrino. A partir de esa idea, yo que tenía un material de archivo con imágenes que había rodado de mi entorno, de mi familia y amigos, comencé a imaginar como serían unos androides si sus recuerdos fuesen de haber sido criados en España en una familia tradicional. ¿Cómo serían esos androides si en sus cabezas habitaran mis recuerdos de una nochebuena en familia o de un viaje con amigos?

En la novela de Dick, está muy presente el tema de “la realidad”, la protagonista tiene que discernir constantemente entre los humanos y los androides, entre lo real y lo ficticio. Esta ambigüedad la encontramos también en la propuesta formal de tu película donde “lo real”, lo documental, tiene mucho peso, desdibujando los límites entre documental-ficción. Esto empieza a ser una tendencia en auge en el cine más independiente hecho en España. En tu caso, ¿qué te ha llevado a eso? ¿Qué crees que aporta ese punto de indeterminación a la experiencia fílmica?

Más que ser una mezcla entre documental y ficción creo que es una ficción en la que aprovechamos elementos de la realidad. Hemos retratado el entorno arquitectónico de Benidorm para dibujar un futuro en el que el progreso se ha estancado y todo sigue igual que en 2014. Gracias a que un alto porcentaje del turismo que recibe Benidorm es un turismo de la tercera edad inventamos una sociedad en la que los jóvenes han muerto o han emigrado y los únicos supervivientes son los jubilados que continúan con su rutina del entretenimiento. En el caso de Sueñan los androides, creo que utilizar actores amateur, personas oriundas de Benidorm representándose a sí mismas y rodar en interiores y exteriores naturales aporta frescura, acentúa ese paralelismo entre el futuro de la película y la España actual.

La frontalidad con la que encuadras los paisajes urbanos es bastante iconoclasta, pero a su vez, el formato 16mm hace que tengamos una percepción muy realista y cercana de esos lugares. ¿Existe una conexión entre tu vocación documental y la forma que tienes de filmar la arquitectura de Benidorm? ¿Cual es tu relación con ese espacio y qué te llevó a filmar ahí?

Encuadro de forma frontal para eliminar cualquier intención dramática a través de la cámara. Para que el espectador tenga una percepción más realista, menos manipulada de ese futuro que planteo sin nigún elemento futurista más que los supuestos androides. Casi siempre he rodado en formato 4:3 y en 16mm porque lo orgánico del material hace que puedas estar más tiempo contemplando cada imagen, yo no suelo mover mucho la cámara, es el grano el que genera cierto movimiento interno.

No sé que implica la etiqueta de “Otro cine español”, lo importante es llevar gente a las salas

¿Qué ha caracterizado el tránsito desde el diario íntimo que es True Love a la ciencia ficción de Sueñan los Androides? ¿Cómo te ha influido vivir en Berlín? Desde aquella perspectiva, ¿qué visión tienes de la escena cinematográfica española?

El rodaje y montaje de True Love me llevó alrededor de tres años de trabajar con material autobiográfico. De 2008 a 2010 cuando rodé True Love estaba sumergido en mi propia pena y eso era lo que quería contar, después fui de aquí para allá presentando la película y contando siempre la misma historia, hablando de mis relaciones personales, de cómo habían fracasado, de lo desgraciado que había sido… hasta que un día en junio de 2011 en México DF estando con un amigo tomando cerveza y decidí que ya bastaba de hablar siempre de lo mismo, que estaba harto. Lo próximo que haría sería algo divertido de rodar y que no me implicase a mi personalmente dentro de la historia, preferiblemente algo de ciencia ficción para irme a las antípodas de True Love. Al vivir en Berlín tal vez se me nota cierta nostalgia de mi tierra, mi familia y mis amigos, creo que Sueñan los androides es también un canto de amor a mis seres queridos a los que veo menos de los que me gustaría. No sé que es la escena cinematográfica española. No se puede meter en el mismo saco todo el cine que se hace en España. Yo no conozco nada que no sea mi propio entorno, mis películas y las de mis amigos y creo que vamos por el buen camino.

Con True Love, se te circunscribió en el llamado “Otro Cine Español”, ¿qué implicaciones tiene esa etiqueta? ¿Crees que estas etiquetas son efectivas para defender un determinado tipo de cine? Detrás de esta etiqueta, observamos relaciones de colaboración muy estrechas, por ejemplo, con miembros de ese “Otro Cine Español” como Luis López Carrasco (director de El Futuro, miembro del colectivo Los Hijos) o Chema García Ibarra (Uranes). Háblanos de tu experiencia con ellos.

No sé que implica ser el “Otro cine español”, entiendo que es el cine independiente y fuera de el circuito comercial tradicional.  No he reflexionado mucho sobre este tema, creo que cualquier publicidad que se nos haga bien en solitario o bien metidos en un paquete nos va a venir bien, lo importante es llevar gente a las salas en las pocas fechas que se nos dan para proyectar nuestras películas. Respecto a Chema y a Luis no puedo decir nada más que es un privilegio poder contar con ellos y estar ahí si ellos me necesitan en la materialización de nuestros proyectos.

No se puede meter en el mismo saco todo el cine que se hace en España

Este cine sólo se puede ver en espacios muy determinados: festivales, centro culturales, etc. y rara vez llega a estrenarse en salas comerciales ¿Qué puedes decir al respecto?

Los festivales son el hábitat natural para este tipo de películas por ser un foro de reunión para los aficionados y facilitan el contacto directo entre el director y el espectador que es algo que a mi me interesa mucho. Es muy difícil que un exhibidor se la juegue con productos como Sueñan los androides. Al público general se le ofrecen productos muy concretos y no puede optar a ver las películas españolas que se están proyectando en festivales internacionales. No se le da la oportunidad de decidir si quiere ir a verla o no, o si le gusta o no. Eso es una pena eso y que no nos pongan en televisión.

Algún hotspot que nos puedas recomendar…

No entiendo lo de hotspot, lo he mirado en Wikipedia y tiene que ver con la biodiversidad y con especies en peligro de extinción. Os puedo recomendar ir a Murcia o Las Palmas, no sé si son hotspots, la última vez que estuve me lo pasé muy bien. También os puedo recomendar ir al D’A y a la Sala Berlanga en Madrid a ver Sueñan los androides.

Nunca pensaste que terminarías…

Rellenando encuestas para promocionar mi película.

Prohibirías…

El trabajo precario.

No puedes parar de escuchar en modo repeat…

Para ti ser Good2b es...

Ser buena persona.