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Carlos Martín-Peñasco

Esta es la historia de una chica que conoce a un chico. Ella es maña. Él, argentino. La chica es enfermera en el Hospital Clínico de Madrid aunque está empezando diseño de moda. A ella se le da bien diseñar pero le cuesta ilustrar. Aparece el chico, que viene de Bellas Artes y está dispuesto a ayudarla con el dibujo. La chica y el chico se dan cuenta de que comparten pasión por las antigüedades, el arte y la cocina. Se enamoran. Deciden que quieren pasar juntos la mayor parte del tiempo. Quince años después, Martina y Leo, casados y con niños, encuentran un antiguo taller de broncería dónde por fin mezclar todas las cosas que les gustan. Así nace Il Tavolo Verde.  

Entro por las puertas de este luminoso bajo –que en realidad son las contraventanas de lo que fue el taller- y aparezco en un café folky de vocación ecológica y gran mostrador con tentadoras tartas. Escudriño cada rincón y advierto que no es un café folky más, que no hay ni rastro de IKEA ni artículos de decoración recién comprados, sino un espejo convexo para vías de tren rescatado de un puerto abandonado de San Petersburgo, macetas de piedra cascada, regaderas usadas, sillas de jardín de los años veinte, cestas con fruta y el ‘tavolo verde’, una mesa de anticuario que fue la originaria del proyecto. Todo ello repartido en un amplio espacio de paredes que alternan yeso y ladrillo al descubierto.

Además de desayunos y meriendas, sirven comidas. “Normalmente, el menú del día tiene sopa, crema o ensalada de entrante y dos platos principales a elegir. Todo orgánico y vegetariano. Las verduras las traemos de la huerta de los padres de Martina, que viven en un pueblo de Guadalajara”, me cuenta Leo sentado en frente de la mesa verde. Él se encarga más de atender y ella de la cocina, aunque esto es intercambiable. “No hacemos publicidad, es todo boca a boca. No lo sentimos como un negocio, sino como nuestra casa. Es la prolongación de nuestra casa. Por la tarde vienen aquí nuestros hijos a hacer la tarea”, dice observando el lugar con cariño. Il Tavolo acaba de cumplir un año abierto.

Il Tavolo Verde es un antiguo taller de broncería dónde Martina y Le han mezclado todas las cosas que les gustan: las antigüedades, el arte y la cocina

Dejando atrás el bar, avanzo por un pasillo con libros de muestra a la derecha. A la izquierda queda la cocina, flanqueada por una gran cristalera a través de la cual puedo ver a Martina preparando la crema de hoy: calabaza, coco y jengibre. El viejo taller continúa serpenteando hacia dentro a lo largo de tres estancias que alojan todas las antigüedades (muebles, lámparas, ropa, espejos, menaje) que Martina y Leo han ido recolectando. “Cada cierto tiempo, cerramos una semana y nos recorremos Europa con un camión. En nuestro último viaje encontramos un reloj de Mora increíble, un reloj de pie sueco de final del siglo XVII. Tiene forma de mujer porque solían regalarlos a las novias que se iban a casar. “

Ambos coinciden en que son compradores emocionales que apuestan por la reutilización, en vez de consumir sin consciencia. “Antique is green”, Leo parafrasea uno de los dichos más populares entre la gente del gremio. Además de utilizarlo como café, restaurante y anticuario, han empezado a ceder su espacio a un artista cada mes. La primera es Lisi Prada, de la que se pueden ver distintas piezas de videoarte proyectadas por las paredes del local. En una de ellas, una mujer tira sillas de madera a un montón de desechos en un vertedero perdido en Grecia.

Leo se queda atendiendo en el café y Martina, de voz dulce y suave, me lleva a ver su pared favorita en el anticuario, mitad yeso, mitad estampado de flores que brota debajo del yeso. “Lo que hicimos con el antiguo local, en vez de tapar, fue destapar, desnudar.” Así encontraron hallazgos como el papel de flores. Martina saluda amable a unas clientas que entran a mirar. Dice que no le gusta cuando en las tiendas le persiguen los dependientes. “No nos gusta vender, nos gusta trabajar”. Le pregunto si hay algún secreto que haga funcionar tan bien a este equipo de chica y chico, como padres, pareja y socios. “No hay ningún secreto. Hace quince años decidimos que queríamos pasar juntos la mayor parte del tiempo y éste es nuestro proyecto de vida.” Y cierra la frase con una sonrisa humilde.

Me despido de Martina y Leo. Me invitan a volver. Él friega un par de tazas de café en la cocina. Ella despacha en la barra. Esta es la historia de una chica que conoce a un chico.

(Fotografía de Martina y Leo: Óscar Rivilla)

Detalles




  • Dirección: C/ Villalar, 6.
  • Horario: M-D 10:00-20:00
  • Teléfono: 918 05 15 12
  • Tipo: Espacio multidisciplinar
  • Web: www.iltavoloverde.com