By
Cecilia Díaz Betz

Hay quien pueda percibir la obra de Guillermo Santomá (Barcelona, 1984) como una chocante orgía de formas inconexas, materiales tóxicos y funcionalidades utópicas terriblemente atrayentes. Una rave de creación sin límites que solo busca el juicio y mirada del alcahuete para hacerle tropezar en sí mismo. Sin embargo, en su perspicaz anzuelo místico-estético no se cae por casualidad. Si has topado con alguna de sus piezas, construcciones, obras o intervenciones, caerás en la cuenta que no hay vuelta atrás. Porque aunque el happening con el que condecora todo sabiamente, te pueda distraer, en realidad te has encontrado con la viva imagen del hacer y la perseverancia, nada más antimoderno. Sus piezas son el resultado de un personal y laberíntico laboratorio de formas que lleva años construyendo y pensando vehemente, y con las que ha empezado a encumbrarse donde se merece. Objetos que son como la predicción del mañana: un augurio, un renacer constante llegado desde el más íntimo ímpetu por crear, y del más absoluto disfrute en ese proceso de poder llevarlo a cabo. Lo piensa, lo produce, lo libera.

Sus piezas son el resultado de un personal y laberíntico laboratorio de formas que lleva años construyendo y pensando vehemente

Conversamos con motivo de su expectante intervención en DEMO. Una acción casi performática abierta a todo el mundo y gratuita en su centro de operaciones (la Nave E en Cornellá de Llobregat), con la que se dará el pistoletazo de salida a este necesario festival que reivindica los procesos en el mundo del diseño y la experimentación, y en el que la figura iconoclasta de Santomá este año se presenta como muy clave. Además, también participará en WIP (Work in Progress), una exposición colectiva dentro del marco del festival, donde se presentará en la galería DADA Studios una colección de piezas inéditas de diseñadores, tanto emergentes como consagrados.

¿Qué significado tiene en para ti el concepto de libertad?

Más que libertad, yo creo que es el no tener un método establecido. Dejar que el proyecto tome sus propias directrices, para que sea libre. Para mi es algo básico, lo intento hacer desde el principio. No repetir una manera de hacer. Que cada uno se formalice de una forma distinta.

Así que también se da una metamorfosis desde que empiezan hasta que terminan…

Sí, claro. Al final, el proyecto al ser libre, se va situando como quiere. Y aplicándolo a gran escala, a la totalidad de todos los proyectos, se ve como unos repercuten en los otros. Esta forma de trabajar, de pisar una cosa con la otra, hace que se sienta más libre. Y sobretodo, más que libre, es que se sienta de una forma viva.

¿Qué hay del juego? ¿Cómo se manifiesta en tu trabajo?

El juego, o la broma, o la ironía, o el no acabar de tomárselo en serio, sí que existe y también importa para que parezca vivo y libre. Todo al final acaba encajando y al completo, identificas todo. Estos ‘zoom in’ y ‘zoom out’ son muy interesantes, ya que te das cuenta de que lo pequeño es igual que lo grande y como se van mezclando. Existe un juego entre proyectos. Están todos ligados entre sí.

Si tuvieras que elegir algo en común entre ellos más tangible ¿qué sería ‘eso’ que los une?

La manera en que han sido creados, como si las formas se hicieran de la misma manera. Creo que hay algo entre esa cosa de la formalidad y la practicidad del suicidio, de querer hacer algo que puede no funcionar, es lo que te hace que la forma sea muy concreta y se materialice en algo.

¿Los objetos que creas son como los monstruos que tienes tu en tu cabeza?

Hay algo que ciertamente se repite, sin embargo no lo identifico como monstruos. Yo creo que es una forma de expresión más que algo que me persigue. El darles vida.

Yo a veces los veo como seres…

Claro, porque lo bonito de las sillas es como que tienen dos patas y dos pies, y se pueden situar en el espacio. La cama elástica también, es como una especie de serpiente o de dragón, o las piezas quemadas. No obstante, es algo más relacionado con nuestra manera de percibir y entender los objetos: siempre tendemos a humanizarlos. Por esta razón, al final no te preocupa qué objeto vas a hacer. Como las ideas de los surrealistas, tres manchas hacen una cara. Es la propia potencia de las formas, las nos obliga a relacionarlas con otras cosas.

En DEMO produciré una serie de objetos en directo con el fin de crear un nuevo objeto: un libro. Una manera de explicar lo que hago haciendo

¿Resulta fundamental la reacción de la gente que observa las piezas?

Siempre se busca un observador, un punto de vista. Es como una fotografía. De hecho, la conferencia que llevaré a cabo para DEMO, aquí en mi estudio, trata un poco sobre esto. La idea es hacer tres piezas en directo. Una manera de explicar lo que hago haciendo: a través de la propia acción y enseñando lo que nunca me gusta enseñar: el proceso. Porque en realidad a mí el proceso no me importa, aunque es una parte fundamental. Por otro lado, se me ocurrió que ya que iba a desvelar ese proceso, se tenía que crear un objeto final donde quedase registrado, y de ahí surgió la idea de hacer publicación final a modo de recopilación. Es decir, produciré una serie de objetos para crear un nuevo objeto: un libro, que será lo más importante.

Tu obra la veo inmersa en una cierta teatralidad…

La teatralidad no deja de formar parte de ese imaginario que te construyes. Esa cosa de decir que ‘todo es posible’, yo creo que es lo más importante. Decir ‘esto es posible, esto que me he imaginado se puede hacer’. Pero, para eso, hay que envolverlo de una cierta teatralidad, buscar recursos.

¿Y qué hay del Porno místico?

Era un concepto que tenía antes, cuando escribía mucho más. Ahora es todo como mucho más práctico, pero de algún modo sigue estando presente. Es básicamente conectar una idea superficial o absurda con una cosa mucho más mística o profunda. Puede subyacer de esa interpretación de las formas, de la que hablábamos, por ejemplo. También pensar que al final, esto no deja de ser como una empresa o un negocio, y que por lo tanto tus piezas van a parar a casa de alguien que les va a dar un uso que tu desconoces, es lo más porno de todo.

¿Con qué te diviertes más?

¡Con todo! El otro día haciendo la cama elástica, sin ir más lejos. La hicimos en un día. Por la mañana fuimos a comprar los retales, llamé al Decathlon les pregunté donde podía encontrar una cama elástica, y nos enviaron a Sant Boi. Después comimos en un Mcauto, volvimos al taller, montamos la cama elástica y se acabó. Y después decíamos ‘¡Qué trabajo tan de puta madre! Poder currar de esto.’

Lo de Mano de santo viene de Santomà, tu apellido, pero ¿qué significado tiene para ti?

Sí, en realidad fue un invento de Raquel Quevedo. Le pasé el póster de las reformas y ella misma lo interpretó a su manera. Esa relación que tenemos en la que yo le digo como lo quiero y ella siempre se acaba inventando su historia, hace que todo se complemente. Para mí, es como la mano que todo lo puede. No deja de ser la mano del pantocrátor, y ahora que le hemos diseñado el logo, todavía más. La condensación del monstruo ese del que hablabas, pero sin el aspecto físico. Es decir, no significa ‘voy a hacer esto’, si no más bien es que dejas que ‘esto sea algo’.

Artwork © Raquel Quevedo

Sin embargo, el pantocrátor está muy asociado a la creación y tú eres muy de destrucción, ¿no?

Es lo mismo. El cielo y el infierno. Volvemos al Porno místico. La creación es destrucción, siempre lo ha sido. No puedes crear algo sin destruir. No siempre destruyendo físicamente, sino destruyendo tus referentes, destruyendo tus ideas, esa cosa preconcebida como la forma por la forma. Hay que ir destruyendo todo eso.

¿Y el tema de la luz en esta destrucción-creación?

La luz es lo que le otorga la realidad a todo. Es lo que lo hace real, lo hace fotográfico. La luz es la realidad. Tu te creas la historia que quieras y luego la luz va a interferir sobre ella haciéndola realidad.

La querencia por una obra está en seguir haciendo, porque en realidad pienso que esto no es nada comparado con lo que me gustaría hacer

¿Cómo abordas la tradición?

En el fondo creo que soy terriblemente clásico. Estoy dentro de una tradición muy clara y directa. Ahí no hay trampa. Igual ves cosas que no las acabas de entender o encajar, pero yo creo desde dentro, me veo muy en una tradición. En la de los libres, de la gente que hace lo que quiere. Como James Joyce, Samuel Becket, Rimbaud, Baudelaire,… En arquitectura como Miralles por ejemplo. Los libres no son profesionales ni tienen una profesión sino que son capaces de abarcarlo todo y ser personas ante todo.

¿Cómo sintetizarías los últimos dos años de tu vida?

Pues que he tenido las oportunidades para hacer lo que quería. Llevo mucho tiempo intentando y luchando por poder hacer lo que quiero, y al final ese período me ha dado un bagaje muy importante. Estar doce años de tu vida preparándolo y pensándolo, tiene sus frutos, porque ahora hay una cimentación y una base muy sólida.

¿Quieres a todas tus obras por igual?

Cuando ya ‘son’ me la pelan. Cuando está terminada no le tengo ningún cariño. La querencia está en seguir haciendo, porque en realidad pienso que esto no es nada comparado con lo que me gustaría hacer. Sigo en parte anclado a esa cimentación.

Casi como un  taxidermista…

Todo se acaba, tu te acabas. Yo no me guardaría nada, preferiría volver a empezar. Volver a nacer…

Photos © Cecilia Díaz Betz