By
Sandra Navarro Bejerano

Cierra los ojos. Ahora imagina un universo poblado por unos seres antropomórficos con dejes repitilianos y la piel verdosa. Tipo E.T, sí. Pongamos que estos prototipos de E.T sufren de una extraña adicción al tabaco y a los gorros, que beben cerveza, que hablan por teléfono como nosotros. Si a estas alturas el estupor no te ha hecho abrir  los ojos y descolgar la mandíbula, felicidades, estás más que listo para viajar al extravagante mundo de Anna Mond. Esta artista, nacida en una recóndita esquina de Italia, se dedica a pintar un imaginario que extrema la definición de lo sobrenatural y lo bizarro con su serie Fantastical Beings.

Es una forma de expresión tras un interrogante, una manera de comunicar a través del misterio.

Desde luego, Mond se ha ganado un hueco en la tanda de pintores modernos que pisotean lo establecido y se lían a patadas con el automatismo de la realidad. Su mundo fantástico será un atolladero de preguntas para más de una mente cuadriculada y despertará la fascinación de los más alternativos. Aunque seguramente ni siquiera ellos entiendan ni papa.

No sabrás decir si las criaturas de Mond te resultan afables, perturbadoras o de algún modo cómicas. Uno las mira y duda entre pedirles un cigarro o salir corriendo. Según la autora, es justo esta incomodidad, junto al sentimiento de incomprensión, lo que da vida a sus pequeños monstruitos. Tuerces la cabeza, achinas los ojos y te quedas con ese gran «¿pero esto qué es?» prendido en los labios. ¿La respuesta que nos daría Anna? Es, simplemente, una forma de expresión tras un interrogante, una manera de comunicar a través del misterio.

Cada uno de sus seres representa un acertijo que de nosotros depende la resolución. Estas pinturas, tan imaginativas como indescifrables, beben directamente del inconsciente de la autora, que asegura pintar desde la sensación, sin ponerle correa a su libertad creativa. Según Mond, son sus seres fantásticos los que le dicen cómo se sienten, los que demandan la forma, el color y la expresión que quieren comunicar. Y ella obedece.

El estilo de Anna está prendido de sarcasmo y deconstructivismo. Puede que esas extrañas criaturas que ha creado tengan más en común con nosotros de lo que creemos. Quizá son un reflejo de nosotros mismos en un espejo horriblemente distorsionado. O no. Lo que sí está claro es que rezuman vida, desprenden sentimiento (sea cual sea) y, por encima de todo, nos obligan a pensar e imaginar sobre los límites establecidos.

Tranquilo, puedes acercarte un poquito más. No muerden. O sí. Quién sabe.

Así es el mundo de Anna Mond. ¿Te apetece pasearte un rato más entre sus Fantastical Beings? Adelante, aquí tienes su página oficial. Claro que si lo que necesitas es volver al planeta tierra, tranquilo, las pinturas hiperrealistas de Samantha French serán tu salvación.