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Quim Coll

Lo habéis leído bien. El gobierno australiano está a punto de aprobar una ley con la cual podrá identificar facialmente a cualquier persona que entre en una página pornográfica. Una medida distópica que funcionará a través de un servició de matching en el que se utilizarán las fotos de carnet de los ciudadanos australianos. F: Fotograma de ‘Black Mirror: Bandersnatch’

El gobierno australiano propone un sistema de reconocimiento facial que identifique a los usuarios de páginas pornográficas para verificar su edad

En una medida que parece sacada de un episodio de Black Mirror, el Department of Home Affairs del gobierno australiano quiere obligar a todo el mundo que entre en webs pornográficas a verificar su edad a través de un sistema llamado Face Verification Service; en el que, a través de un escáner biométrico, se analizarán las caras para encontrar coincidencias en una amplia base de datos que contendrá las fotos de carnet o del pasaporte de cada ciudadano australiano.

El Department of Home Affairs australiano aún está en proceso de desarrollar el Face Verification Service. Según postula, el programa servirá para asistir en casos de verificación de la edad, para prevenir a menores usar carnets de identificación falsos o de sus padres con la intención de saltarse controles restrictivos. El caso nos recuerda a otros usos que se le quiere dar al reconocimiento facial por parte de gobiernos como el de China que, a través de un sistema parecido al que ahora están desarrollando en Australia, quiere identificar a los vecinos de sus poblaciones por sus respectivos barrios y reconocerlos facialmente a la hora de reciclar, para así poder analizar la basura que tiren y darles puntos según si cumplen o no con las normas de reciclado.

Estas medidas llegan en un momento en el que el reconocimiento facial está en boca de todos por su uso por parte de la policía en manifestaciones como las de Hong-Kong. A través de cámaras la policía identificaba a los manifestantes para luego ir a buscarlos a sus casas y llevarlos a prisión. Por eso, los manifestantes hongkoneses empezaron a utilizar unas máscaras que se acabaron convirtiendo en símbolo de su rebelión. El Face Verification Service aún no está en marcha, pero queda por ver cómo evolucionará el control facial en las distintas democracias del mundo moderno. Peligroso, desde luego, lo es un rato.