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Lucía Morales

Puede que el estreno de Dolor y gloria haya sido uno de los más esperados en los últimos meses, quizá por ello su estreno ha sido el más taquillero del año, con 180.809 espectadores durante su primer fin de semana en las salas de cine. Por el film número 21 de Pedro Almodóvar sucede una infinidad de enlaces a su pasado en el Madrid de la Movida y en su pueblo, Calzada de Calatrava (Ciudad Real), así como referencias a películas como La mala educación o Volver. 

Almodóvar retrata la soledad, la nostalgia o la crisis creativa en paralelos a su propia realidad

Antonio Banderas da vida a Salvador Mallo, un afamado director de cine que lleva unos cuantos años sin filmar. El realizador es figura idolatrada dentro y fuera de España, que se ve inmersa en diversas crisis por las múltiples dolencias por las que atraviesa: las migrañas, el dolor de espalda, la ciática, el insomnio, la depresión… En silencio, en su piso de la madrileña calle de Pintor Rosales, el director sumido en la más profunda desidia, escribe guiones que jamás verán la luz.


Penélope Cruz y Rosalía en la escena inaugural de la cinta.

El manchego  retrata la caída de una forma sublime en su nueva película, en la que refleja la soledad, la nostalgia o la crisis creativa. Muestra el estruendo de un golpe seco en el suelo por el dolor que no cesa, la vulnerabilidad humana y la escasa tregua que ofrece el paso de los años. Una multitud de paralelismos entre las realidades por las que atraviesa el protagonista de Dolor y gloria conectan con la vida de Almodóvar, aunque este rehuya el emplear la etiqueta de la autoficción a la hora de definir los puntos cardinales de la película.


Julieta Serrano (izquierda) y Antonio Banderas (a la derecha)

En la cinta se homenajea al cine mostrando a un Pedrito en el pueblo en sus primeras pulsiones narrativas y sexuales en un entorno rural del que he huiría despavorido a los 17 años de edad para desembocar en el Madrid de la Movida con sus claroscuros: las fiestas, las primeras películas, la rebeldía (que parece que el viejo Salvador ha borrado de su memoria), también los excesos con las drogas.

Se rumorea que la 21ª cinta del manchego obtendrá un buen palmarés en la próxima edición de Cannes

Al igual que en Volver, Pedro retrata a una madre luchadora -interpretada por Penélope Cruz, que muestra a la Jacinta del pasado- en La Mancha de posguerra, en la que no había trozo de pan que echarse a la boca y la educación estaba monopolizada por la Iglesia; y una progenitora en su vejez -que da vida Julieta Serrano- en una de las escenas más sobrecogedoras de la cinta, en la que Salvador Mallo se sienta con su madre y juntos hacen balance de su relación. Escena en la que el director entona el mea culpa por no haber sido un buen hijo.

Asier Etxeandía, Nora Navas, Penélope Cruz y Julieta Serrano completan el cartel de una de las cintas del año, que fue rodada en cuarenta y cuatro semanas entre Madrid y Paterna (Valencia). Se rumorea que llegará a contar con un buen palmarés en la próxima edición del Festival de Cannes, que tendrá lugar del 14 al 25 de mayo.