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Quim Coll

Para todas esas personas que decían que los cambios en nuestra sociedad no eran posibles: Dean Foods, la fábrica de productos lácteos más grande de Estados Unidos, se ha declarado en bancarrota. Aunque a priori la noticia no nos dice mucho –ya que sus principales marcas, entre las que se encuentran Friendly’s, Garelick Farms, Land o’ Lakes, Lehigh Valley, Meadow Brook y Oak Farms, no se comercializan en nuestro país–, sí nos parece importante el más que evidente cambio del consumo de leche al consumo de bebidas vegetales o productos lácteos orgánicos y ecológicos. ¿Estamos ante un cambio total de paradigma? F: Foto de las granjas de Dean Foods. Cortesía de Carrie Antlfinger/Associated Press

Dean Foods, la productora de leche más grande del país que más leche consume, se declara en bancarrota evidenciando un cambio en el consumo de leche mundial

Tal y como indica Associated Press, la demanda de leche de vaca ha bajado más de un 40% desde 1975. Es obvio que las grandes compañías como Dean Foods, cuya venta del producto constituye más de un 67% de sus ventas globales del año, se ven más afectadas por esos datos, y es que cada vez más gente opta por opciones ecológicas o bien por eliminar la leche de vaca de sus vidas y pasarse a alternativas más saludables y sostenibles como la leche de almendra, la de soja o la de avena.

Aún así, expertos en el mercado de productos lácteos como Mark Stephenson opinan que la mayoría de fabricantes de leche, así como sus consumidores, no notarán ningún cambio. No van a cambiar ni los precios ni la disponibilidad de productos lácteos, ya que la demanda sigue siendo enorme. De hecho, Estados Unidos es uno de los países con un consumo más alto de leche de vaca a pesar del constante decrecimiento en su consumo.

A pesar de que Stephenson no cree que haya ningún cambio notable en el consumo de productos lácteos, comenta la importancia de que una fábrica como Dean Foods, la productora más grande del país que más leche consume, se haya declarado en bancarrota. Y es que por difícil que sea cambiar las costumbres de industrias como la cárnica o la láctea, el cada vez más notable cambio de consumo hacia tendencias más sostenibles como el vegetarianismo y el veganismo –debido o bien al amor por los animales o a la preocupación por la situación de emergencia climática en la que nos encontramos– ya está dando mucho de qué hablar. Y esto parece ser solo el principio.