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Quim Coll

Muchos de los artistas más importantes de nuestros tiempos han tenido el apoyo de amigos y familiares detrás; un soporte vital e incondicional sin el cual no serían ni la mitad de lo que han llegado a ser. Eso también incluye el apoyo (y la inspiración) de ciertas mascotas y animales. F: Utagawa Kuniyoshi, ‘Cats suggested as the fifty-three stations of the Tokaido’. Imagen de Wikimedia Commons

Dalí, Picasso, Slonem, Kuniyoshi, Carr, Kahlo y Warhol son siete ejemplos de artistas cuyas vidas giraban alrededor de los animales

Y es que todos recordamos mascotas tan míticas como el oso hormiguero o el ocelote colombiano de Salvador Dalí. Pablo Picasso tenía un perro llamado Lump del que no se separaba nunca. Y Gustav Klimt adoraba a su gato Katze.

Otros casos son, por decirlo de alguna forma, algo más extremos. Estamos hablando de Hunt Slonem, pintor neo-expresionista americano cuyas obras estaban llenas de pájaros. Era un ávido ornitólogo que tenía en su casa más de 60 pájaros rescatados. Pero no judgement, aquí cada loco con su tema…

Las aficiones malsanas con los animales vienen de lejos. Ya en el período Edo del arte japonés, el pintor Utagawa Kuniyoshi (en portada) era famoso por su obsesión con los gatos. Se dice que el artista escondía gatos bajo su kimono mientras trabajaba, y que tenía un altar budista en el que escribía los nombres de los gatos que se le morían. También está el caso de la pintora y escritora canadiense Emily Carr, que a finales del siglo XIX era conocida por preferir la compañía animal a la humana; en su casa tenía desde perros y gatos hasta mapaches y hasta un mono.

Sin ir más lejos, Frida Kahlo también gozaba de la compañía animal como inspiración para sus cuadros. Tenía como mascotas gallinas, gorriones, periquitos, un loro, un cervatillo que se llamaba Granizo, dos monos araña llamados Fulang Chang y Caimito de Guayabal, una águila llamada Gertrudis Caca Blanca y varios perros Xoloitzuintli, de linaje azteca. Es un caso parecido al de Andy Warhol, que adoptó a 25 gatos y les llamó, a todos y a cada uno de ellos, Sam.

Ya veis, usar un animal de compañía como musa es algo tan antiguo como el propio arte. ¿Se os ocurren otros ejemplos?