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Viaje Gastronómico a Nueva York Vol. I

Podemos afirmar que sí, que Nueva York, hablando desde el estómago, incluye los dos extremos más tópicos que hemos visto, oído y respirado en las miles de series y películas ambientadas en esta ciudad: desde la hipercalórica y grasosa hamburguesa hasta los restaurantes-imposibles-de-reservar que salen en Sex & The City. De todas formas, ambas opciones sumergirán nuestras papilas gustativas en el más sublime de los placeres, aunque no sin remordimientos de conciencia: bien por las dosis de calorías de ese homenaje a los hidratos de carbono, bien por la factura que nos atragantará los postres de la segunda. Si bien también es cierto que en esta vida no todo es blanco o negro y que hay mil matices de gris (en concreto 18.000 opciones) donde llevar nuestros paladares hambrientos después de tanto paseo y tanta compra.

Pero, antes que nada, unos consejos en plan guía de supervivencia:

-En general, a cuanta más energía creativa se le ha puesto a la decoración del local, menos se le ha puesto a la comida. Parece que los neoyorquinos vayan a cenar sólo por los ojos, dejándose las papilas gustativas en casa. Huir ante cualquier atisbo de decoración oriental-tailandesa tipo 'The Spice Market', ese monísimo restaurante de Meatpacking District (ya entraremos en más detalle).

-¿Por qué los restaurantes fashion son tan y tan oscuros? Apenas están iluminados por unas pocas velas de luz titilante que no permiten discernir si eso que nos llevamos a la boca es el rollito de atún o el corcho de la botella.

-Las botellas de vino durante la cena son prohibitivas. Ni se te ocurra. La cerveza cuesta 8 dólares (sí, ponerse un poco a tono en esta ciudad es carísimo). Por el mismo precio, al cabo de unos días ya no te resultará tan surrealista tomarte un cosmopolitan de acompañamiento de la ensalada.

-Eso sí, el agua es gratis. Pide 'tap water'. Es el agua del grifo y está riquísima. Le han dado mil premios a la calidad. Y en muchos lugares, además, te la sirven con mucho hielo y una rodaja de lima. ¿No es lo más?

-Son los inventores de la gran mayoría de bollería del planeta, desde los baguels a los doughnuts, pasando por los brownies, los cupcakes, etc., así que sí, cualquier pastelería es una muy buena idea.

-Las pizzas están impresionantes en cualquier lado. Incluso en ese lugar tan cutre a pie de calle (9th Ave con 42 St) donde las sirven 24 horas. Degustar un grasoso 'slice' bien entrada la madrugada antes de ir a dormir es una de esas cosas que nos hará un poco más neoyorquinos y también un poco más felices.

-Cada temporada se pone de moda un restaurante. Entonces TODO el mundo va ahí. Se vuelve misión imposible reservar. Da igual la comida, es una excusa para lucir las Jimmy Choo de turno. Sí, vale, es una frivolidad ir ahí a cenar…pero ¡debes hacerlo! La experiencia antropológica merece la pena.

-Las raciones son siempre para dos. Aunque te pidas el tamaño pequeño de pizza, o de lo que sea, te traerán comida como si se fuese a terminar el mundo mañana.

*Gloria de Castro


 
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