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Ariana Díaz Celma

Hace ya unos años Ignasi y Felipe viajaban a Japón -su gran pasión compartida- y quedaban fascinados con un restaurante sumiyaki de Kyoto, nombre que describe un tipo de barbacoa casera con una parrilla de carbón vegetal. Poco imaginarían que, unos años después, el restaurante que abrirían en Barcelona, inspirado en tal aventura, empezaría a servir carne de wagyu de grado A5, popularmente conocida como Kobe por ser la región nipona donde más abunda este tipo de res. Así, a priori, puede sonar a código secreto foodie, pero todo queda algo más claro si contamos que la denominación indica el corte de ternera más exclusivo de Japón. Y damos fe de que probablemente se puede extender esta afirmación al resto del mundo sin exagerar. Que se rían las vacas argentinas y gallegas, porque esta carne es cosa seria, un manjar sólo apto para paladares muy bien entrenados. Y en Carlota Akaneya lo saben.

Carlota Akaneya importa el Kobe A5 tras años de prohibición por parte de Japón

A la vista, el Kobe A5 se reconoce por su aspecto de mármol, con sus características aguas que se dibujan sobre la carne con la grasa del animal, bien deshilachada, como un buen jamón de bellota -si queréis encontrar un símil patrio-. Podríamos decir que casi parece un corte de toro, la parte del atún más exquisita. En la boca, esta pieza también se desbanca de todo lo instaurado hasta el momento. Se deshace como mantequilla, sabe a gloria y hasta los más reacios a comer carne notarán como su cuerpo les agradece glorioso esta rebanada de ternera exquisita. Y todo en un ejercicio interactivo, no olvidemos que estamos en un restaurante de barbacoa japonesa, donde cada uno se cocina su parte al gusto en la mesa -abstenerse estirados que teman volver a casa con olor a carbón, por favor-.

El grado de excelencia al que ha llegado el Carlota Akaneya tras algo más de tres años en funcionamiento es, claro está, fruto del esfuerzo de un equipo que tiene a Ignasi, Felipe y Natsumi -la facción japonesa del asunto- como cabezas visibles. Poco imaginaban cuando Albert Adrià se fue sin cenar la primera semana de apertura debido a la mala gestión del servicio que, a día de hoy, sería imposible tener mesa sin reserva los fines de semana. Hoy, el chef es asiduo al Carlota Akaneya y, de hecho, casi se le puede tachar de padrino del proyecto. Hace cosa de un año, Adrià invitó al equipo a visitar el Tickets indoors, experiencia tras la que decidirían hacer un solo servicio a conciencia y dedicar el resto del día a prepararlo.
“Volver a Barcelona es casi siempre volver a empezar”
En su carta, que se puede degustar en un ambiente homie y sin pretensiones, hay mucho más. En la barbacoa podrás cocinar otros tipos de carne, además de wagyu procedente de Chile -otra muestra de la magnitud de este tipo de ternera-, como por ejemplo verduras, mariscos del día o las recomendables ostras al sake. Otros platos que recomendamos con fervor son sus gyozas o el kamo namban -caldo de pato con fideos gruesos-. A los primerizos les recomendamos uno de sus dos menús degustación. Existen uno de 36,90 euros y otro de 59,90. Ah, no olvides dejar un hueco para los postres. A nosotros nos encantaron sus taketsuru choco -trufas de chocolate y Taketsuru-, su interesante tiramisú de te verde y el mochi casero.
A día de hoy, Felipe, Natsumi e Ignasi siguen sin darse por vencidos y aún viajan a Japón y Hong Kong varias veces al año para estudiar las propuestas de restauración asiáticas. Tal y como ellos dicen: “Volver a Barcelona es casi siempre volver a empezar”. Quizás por ello ir al Carlota Akaneya es siempre una experiencia que se vive como una primera vez.

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