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Cecilia Díaz Betz

Anne Ten Donkelaar (1979) es una artista holandesa cuya pasión por el encuentro fortuito de objetos, plantas y flores allá por donde va, y la subsiguiente nueva vida que le otorga a los mismos fruto del análisis artístico de sus cualidades, le ha llevado a idear series tan extraordinarios y sublimes como Underwater Ballet. Su última aventura fotográfica, submarina, orgánica y preciosista, donde nos detona la retina con escenas casi pastorales, que parecen sacadas del mismísimo paraíso. Una suerte de ambrosía visual para mimar a nuestros aturdidos ojos que, paradójicamente en medio de esta sobresaturación, nos invitan a la desconexión, el desasosiego y la calma.

Las flores se vuelve casi esculturas fantásticas al ser fotografiadas en esta tesitura acuática

Como ya había hecho en Flower Constructions o Flower Pigments, Donkelaar vuelve a trabajar con flores y plantas para crear estos bodegones, pero en esta ocasión a su protagonistas las sumerge literalmente en el agua, para ofrecerles un nuevo y especial entorno donde adquirir y revelar nuevas y especiales virtudes. Desde el sutil movimiento, la textura de las burbujas o la disposición sin gravedad en el espacio, las flores se vuelve casi esculturas fantásticas al ser fotografiadas en esta tesitura acuática. No obstante, además de lo surreal, etéreo y singular de las imágenes, la delicadeza de la propia escena en sí, con esas tonalidades tan suaves y esos acertados arreglos florales, llama mucho la atención.

Además, en este caso, Anne Ten Donkelaar hace partícipe del bodegón a su propio modus operandi: el uso de pequeñas piezas de metal para poder suspender las flores en el agua fría. Una serie fotográfica repleta de magia, cierto misticismo y sobre todo, sutileza, que cautiva desde el primer momento. Podéis ver más trabajos de Anne Ten Donkelaar haciendo click aquí, o dejarse embriagar por el proyecto fotográfico-floral de Mary Kocol, que también nos había cautivado sobremanera en su momento.