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Daniel Olea

La ilustradora húngara Anna Kövecses se embarazó cuando tenía sólo 20 años. Fue entonces, que guiada por una filosofía independiente, decidió cambiar la universidad por acciones autodidactas inmersas en libros de arte y diseño.

El trabajo de Anna Kövecses transmite aventura, libertad y cierto aire de diversión

Para Anna, la ingenuidad está hecha de trazos minimalistas con brotes coloridos. Pero también está hecha de aventura, de libertad y cierto aire de diversión. Esa es la esencia que Anna transmite en su trabajo; el cual comenzó con la creación de logos, y que se vio interrumpido por un espíritu con ganas de salirse del marco para expresar la inspiración en su totalidad.

Así, comenzó a ilustrar proyectos imaginarios plasmados en pósters y portadas para libros, incluso ilustró un alfabeto entero para su hija en 2013, lo que estableció una definición más firme de su estilo y la llevó a colaborar con diversas revistas, marcas y agencias.

Los proyectos editoriales le han dado la libertad de imprimir su toque gráfico a temas como política, medicina y cultura, lo que no la encasilla como una ilustradora infantil, y a su vez, desarrolla 2 vertientes favorables: la de influir en lectores ajenos al arte (al menos de manera subconsciente), y la de enriquecer sus proyectos personales con nuevas perspectivas.

Anna prefiere invertir su esfuerzo en la experimentación de colores que en la planificación y perfeccionamiento de sus dibujos. Así que posiblemente sea ahí donde se esconde su encanto, en la ilustración de objetos y situaciones sencillas que con la mirada adecuada se llenan de color.