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Cecilia Díaz Betz

A estas alturas, ya se han empezado a disipar todas las dudas respecto al auge artístico y el movimiento cultural que se vive en el barrio barcelonés de Poblenou. Ya es un hecho y una realidad. Hace unos años empezaron a trasladarse allí unos cuantos pioneros -a los que mirábamos perplejos y no muy convencidos de su decisión- con la necesidad de escapar del insoportable y cada vez más intenso jolgorio turístico. Una situación que venía acompañada de una desmesurada subida de precios que hacía imposible mantener un local, taller o similiar en el centro de la urbe. A cuentagotas, pero de forma imparable, las mudanzas a este barrio se convirtieron en el pan de cada día. Un proceso artístico-migratorio que otras ciudades como Berlín, Londres o Nueva York ya habían experimentado. Hoy en día, este ritmo ya no hay quien lo pare, y Poblenou empieza a revivir de sus cenizas viendo como sus locales industriales y sus fábricas han perdido por fin el estatus de abandono a favor del de habitado.

Un proyecto que, como el barrio que lo acoge, habla de renacimiento, rehabilitación y vitalidad cultural

Al flujo de aparición de estudios, talleres y oficinas en el barrio, se le unió la constante apertura de nuevos restaurantes, bares, galerías, espacios multidisciplinares y tiendas. Una recién llegada, no por ello menos importante, es la plataforma cultural Addicted to Life. Un proyecto que, como el barrio que lo acoge, habla de renacimiento, rehabilitación y vitalidad cultural. Su alma máter, Fabrice Criscuolo, decidió dejar atrás París donde trabajaba como director de márketing y publicidad para grandes publicaciones del mundo de la moda como Purple, Another o Dazed & Confused y coger la tangente. Emprendió un camino donde confluyeran muchas de sus pasiones en la vida (arte, música, moda y fiestas) pero, sobre todo, que supusiese la ruptura definitiva con el alcohol, adicción de la que decidió desprenderse por completo en febrero de 2013, sin volver a probar una gota, pero sin renunciar a su anterior vida. En este proceso reconstituyente, Fabricio miró directamente a la ciudad de Barcelona como lugar ideal para llevar a cabo esta hazaña. Al llegar aquí, tuvo un flechazo instantáneo con Poblenou, y en concreto con una antigua nave rehabilitada que antes acogía una lavandería. Un espacio único y singular que se presentaba como idóneo para hacer realidad esta aventura.

De este resurgir y de este enamoramiento nació Addicted to Life, plataforma creativa experimental que produce y co-produce eventos y proyectos con un denominador común: una visión positiva, colaborativa y artística. Por lo que en su programción podréis encontrar exposiciones y eventos gastronómicos, musicales, cinematográficos y literarios. También funciona como sello cultural, ya que la marca edita y co-edita piezas exclusivas de moda y fotografía, en colaboración con artistas emergentes. Y, por si fuera poco, cuenta con una tienda-galería en la que se pueden adquirir objetos y ropa de segunda mano. El arranque de Addicted to Life no ha podido ser mejor, entre los ya varios eventos y exposiciones que han realizado en tan corto período de tiempo (escasos dos meses) destaca la presencia de Pete Drungle, pianista y compositor que ha trabajado entre otras celebridades con Yoko Ono; o el haber acogido la primera exposición internacional de constructores independientes de motocicletas. Un lugar para no perder la pista y del que recomendamos estar siempre bien informado de lo que estén tramando.

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